Los Lunes de El Imparcial recuperan algunas críticas más leídas de libros destacados. ¡Feliz 2024! ¡Felices lecturas!La Esfera de los Libros. Madrid, 2023, 291 páginas, 20,90 €. Libro electrónico: 9,99 €.
Por Alfredo Crespo Alcázar
En El gran impostor, Carlos Cuesta nos ofrece una obra fundamental para entender el momento actual que vive España, desenmascarando al líder socialista Sánchez. El libro terminó de escribirse justo tras las municipales y autonómicas de mayo de 2023, en las que la derecha española obtuvo unos resultados sobresalientes. Esto hacía presagiar un cambio inminente de inquilino en La Moncloa cuando se produjeran las elecciones generales.
Sin embargo, como el lector sabe, esto no ocurrió, entre otras razones por la pelea absurda entre PP y Vox, un escenario ya advertido por el autor: “Ni Vox debe ver al PP como un enemigo, ni el PP tiene derecho a hacer lo mismo con VOX. Es España lo que está en juego. Si siguen sus batallas intestinas tan sólo ocurrirá una cosa: que la izquierda dispondrá de una tercera oportunidad para cumplir su plan” (p.289). Justo esto último es lo que lleva camino de acontecer, apreciándose en los últimos días un incremento de la cesión por parte de Pedro Sánchez ante las exigencias de los enemigos de la Nación.
Carlos Cuesta aborda su objeto de estudio de una manera amplia, de modo que contextualiza de forma rigurosa la deriva actual del socialismo. En efecto, desde los años de Rodríguez Zapatero la izquierda alentó un guerracivilismo que hoy en día, simplemente, se ha intensificado. En efecto, desde 2004, el PSOE ha mostrado una constante en su modus operandi: preferencia por el pacto con separatistas y filoterroristas antes que con el Partido Popular.
Con todo ello, esta estrategia, desde el punto de vista electoral, no se ha traducido en un éxito arrollador del sanchismo, como certifican los mediocres resultados cosechados desde 2015. Además, el PSOE ha tenido que pactar con un rival, Podemos, que amenazaba con devorarlo hace bien poco. En palabras del autor,“el grupo de los sanchistas quedó conformado en torno a una máxima: nunca se debería dejar gobernar al PP, bajo ningún concepto, y se pactaría con quien hiciera falta con tal de evitar la entrada de la derecha en La Moncloa” (p.55).
Como se observa, los acercamientos a formaciones abiertamente contrarias a la nación española como EH Bildu o ERC, contaban con unas bases sólidas previas, gestadas durante los gobiernos de Rodríguez Zapatero quien alentó la creación de “cordones sanitarios” contra el Partido Popular. Al respecto, los gobiernos tripartitos suscritos en Cataluña, encabezados por Maragall y Montilla, constituyeron el primer gran ejemplo. Mientras este fenómeno acontecía, los acertamientos a proetarras se multiplicaban. Por tanto, la voladura del edificio constitucional trazado en 1978 se hallaba más cerca.
Con todo ello, el gran momento fue la moción de censura contra el gobierno de Mariano Rajoy en 2017, en la que el PSOE sólo pudo aportar 85 diputados, pero también es cierto que “los populares habían debilitado el contacto con sus votantes hasta el punto de permitir que su respaldo social se fraccionase entre tres fuerzas: PP, Ciudadanos y Vox” (p.109). Una vez instalado en el gobierno, Sánchez comenzó sus cesiones con el objetivo de perpetuarse en él, asumiendo como propios conceptos pronunciados por separatistas catalanes, por ejemplo, “fin de la represión”. Además, en el panorama internacional se han acentuado los lazos con la dictadura venezolana, señalando el autor a los dos responsables de esta dinámica: Rodríguez Zapatero y Podemos.
En lo relativo a los retos no aprobados por el gobierno de Sánchez, cabe destacar la nefasta gestión del covid. Reacción tardía y siempre subordinada a la ideología: “No se tomó ni una sola medida contra el covid hasta que explotó en la cara de Fernando Simón, su experto de cabecera nunca destituido. Sánchez y su equipo negaban el avance de la enfermedad, la conveniencia de no concentrarse y apretujarse en un 8-M o negaban la necesidad de mascarillas. Aquello costó miles de vidas” (p.216). Es más, el binomio Sánchez-Iglesias optó por culpar a la derecha, un auténtico desplazamiento de responsabilidad que buscó sin éxito estigmatizar a Isabel Díaz Ayuso.
No obstante, lo más preocupante es el ataque a instituciones fundamentales para el adecuado funcionamiento de un Estado de Derecho. En efecto, la Monarquía, la Guardia Civil, la Policía Nacional o el poder judicial no han quedado al margen de las acometidas perpetradas por el sanchismo con la connivencia o con la colaboración descarada de sus socios. Desde la Unión Europea se ha cuestionado esta dinámica por los riesgos que encierra.
Finalmente, conviene tener muy presente el último capítulo de la obra en la que el autor realiza una oportuna crítica al gobierno de Rajoy. En este sentido, su falta de valentía en casi todos los terrenos de la política allanó el camino para la llegada al poder de un PSOE que parece dispuesto a echar raíces en él, aunque sea a costa de dividir a España, intoxicar la convivencia y mermar la libertad individual.