reacciones ante la victoria demócrata
Miércoles 05 de noviembre de 2008
En lo único en lo que las capitales norteafricanas se ponen de acuerdo es en el cierto temor suscitado por la posible insistencia del nuevo presidente americano en la defensa de los valores de la democracia y la libertad. Los embajadores en Túnez , Robert F. Godec, en Mauritania, Marl Boulware, y el recién nombrado en Libia, Gene Cretz, no han ocultado su empeño en promover la libertad de prensa y los derechos democráticos de los ciudadanos magrebíes, no siempre con el agrado de las autoridades locales.
Curiosamente, durante la velada electoral que se seguía en directo en Rabat, el embajador Thomas Riley insistía en que “cualquiera que sea el triunfador de las elecciones, las relaciones entre Estados Unidos y Marruecos, no variarán”, haciendo mención específica a los programas bilaterales conocidos como el Millenium Challenge Account, y el Acuerdo de Libre Intercambio firmado entre el Reino alauita y la Administración anterior de George Bush. Sin embargo Riley no hacía ninguna mención al conflicto del Sáhara, preocupación obsesiva del gobierno marroquí y principal prioridad en su política exterior.
“El régimen de Mohamed VI prefería sin ninguna duda el triunfo de McCain”, asegura a EL IMPARCIAL una fuente marroquí conocedora de las relaciones entre ambos países. “No sólo porque históricamente las mejores relaciones de Rabat con Washington se han producido siempre bajo Administración republicana, sino porque el propio McCain era un miembro destacado del comité de amistad marroquí-norteamericano”. Si en Marruecos los vientos soplaban en favor del derrotado candidato republicano, en Argel era su contrario, aunque sólo fuese por oposición a su vecino magrebí.
“Para no quedar prisioneros del ocupantre de turno de la Casa Blanca, tanto el régimen marroquí como el argelino, han dedicado en los últimos tiempos notables esfuerzos en estrechar lazos con el Pentágono y los servicios de seguridads antiterroristas”, añade la fuente. “Las maniobras militares conjuntas, la instalacion de oficiales del FBI en Rabat y Argel, el ofrecimiento marroquí de facilidades al Pentágono para el mando norteamericano del Africom, incluída la nueva base naval alauita en el Estrecho, y el envío de una gran cantidad de oficiales tanto marroquíes como argelinos en formación a las Academias militares norteamericanas, son la garantía del futuro de las relaciones de Washington con el Magreb, que Obama no podrá alterar”.
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