Editorial

Sánchez pisotea la neutralidad política en plena borrachera de poder

EDITORIAL

EL IMPARCIAL | Viernes 09 de febrero de 2024

La falta de neutralidad política de Pedro Sánchez queda en evidencia cada vez que arranca una campaña electoral. Poco le importa que sea ilegal abusar de su poder como presidente del Gobierno cuando participa en un mitin, al que, además, suele viajar en el Falcon. Resulta inadmisible que aproveche el escenario de un acto electoral para alardear de las medidas que toma el Gobierno. Por tercera vez, la Junta Electoral le ha multado; en esta ocasión, por visitar la empresa Navantia, en Ferrol, para anunciar la construcción de un buque de la Armada, presupuestado en 450 millones de euros, y subrayar los miles de puestos de trabajo que se iban a crear. Por no respetar el principio de neutralidad política y abusar de su posición institucional para favorecer a su partido. Por la “instrumentalización de los medios y recursos públicos de la Administración”.

La borrachera de poder que padece Pedro Sánchez es tan absoluta que no distingue su tarea como presidente del Gobierno de su participación en las campañas electorales como líder del PSOE. En su último mitin, por ejemplo, anunció la subida del Salario Mínimo, incluso antes de que fuera aprobado por el Consejo de Ministros.

Pero a Sánchez poco le importa ser sancionado con una multa que ni siquiera pagará de su bolsillo. De ahí, su reincidencia. La primera sanción que le impuso la Junta Electoral se produjo cuando concedió una entrevista a la Sexta en plena campaña para las generales desde las dependencias de La Moncloa. La JEC impuso una segunda sanción al presidente del Gobierno por utilizar las dependencias de la representación española en Bruselas en el marco de un Consejo Europeo para criticar los pactos que estaban alcanzando el PP y Vox. En este caso, la JEC impuso una sanción de 2.200 euros a Sánchez.

Se trata, pues, de tres casos evidentes de la falta de neutralidad de Pedro Sánchez que han sido sancionados por la Junta Electoral. Pero son una mínima parte de los abusos de poder que comete el presidente del Gobierno habitualmente. Porque si no respeta la independencia judicial, si desprecia al Parlamento en las sesiones de control al Gobierno al no responder a las preguntas de la Oposición, si coloca a sus exministros de embajadores o en la Fiscalía General del Estado, si se inventa leyes sólo para conseguir el apoyo de sus socios de Gobierno, si nombra a un amiguete para que arruinen Correos, etcétera, etcétera, poco se puede esperar de la neutralidad del jefe del Ejecutivo cuando arrancan las campañas electorales. Pues es entonces, cuando el presidente del Gobierno se desata, se le cae la careta y demuestra su verdadera personalidad, su única obsesión: amarrar el poder a cualquier precio. En este caso, además, las multas de la Junta Electoral son calderilla para él. Y recaen sobre los gastos de representación; esto es, sobre los Presupuestos Generales del Estado. Pues debe creer que el Estado es él.