Profesora de catalán de un instituto de Secundaria en Gerona, las redes sociales dan cuenta, enmascarando su nombre, de algunos de los despropósitos de esta señora y de sus obsesiones, casi enfermizas, contra el idioma castellano. Según informa Okdiario, la docente en cuestión “se jactaba hace años de prohibir ir al baño a los estudiantes que no se lo solicitaran en catalán”. Sólo un Estado totalitario puede amparar algo así.
Ahora, en su furor anticastellano, la mencionada profesora, baja la nota trimestral a sus alumnos cada vez que le hablan en español, a pesar del deber y el derecho constitucional a utilizar el idioma de Cervantes y Borges, de Federico García Lorca y Pablo Neruda. Tanta coacción y semejante histeria han provocado que un grupo de estudiantes entre 14 y 15 años, hartos de la imposición de emplear el catalán, se han sublevado, han afirmado que su idioma es el castellano y han cubierto de gritos a la docente: “Clase en catalán no, en castellano”.
Aún más, entre las proclamas proferidas contra ella, sobresalen algunas que reflejan la realidad: “Eso es injusto. Nadie entre nosotros habla en catalán. No nos pueden obligar. Tenemos libertad y queremos hablar en castellano”. Varios alumnos se han juramentado para preguntar siempre en el idioma de Juan Marsé y Mario Vargas Llosa. Frente a tantas incongruencias y tantas imposiciones, la nueva generación se aparta de la ominosa coacción con que el secesionismo catalán manipula y zarandea a las nuevas generaciones.
El dictador Franco empleó el mismo sistema para extirpar la bellísima lengua catalana de Cataluña y persiguió el idioma de Pere Gimferrer hasta prohibir rótulos catalanes en comercios y tiendas. Nada consiguió el acoso totalitario. El catalán se siguió hablando de forma natural en familia y en multitud de hogares. En aquella época, algunos defendimos el uso del catalán como ahora no mostramos hostiles a la estúpida persecución del castellano.