El PSOE socialdemócrata de Felipe González hubiera rechazado hoy la alianza con un partido como el BNG que defiende la independencia de Galicia y pacta con la agrupación proetarra de Bildu. El PSOE de Sánchez, instalado en el Frente Popular, está haciendo todo lo posible, incluso a costa de sus propios electores, para que crezca el BNG y que se reproduzca en Galicia la situación de Cataluña y el País Vasco. A Pedro Sánchez le parece bien, con tal de humillar al Partido Popular, que la presidencia de la Xunta la ocupe, tras las elecciones, Ana Pontón con el apoyo incondicional del PSOE gallego.
Esta es la situación y, en consecuencia, lo que se decidirá el domingo en Galicia supera el planteamiento autonómico y adquiere repercusión nacional. De ahí que el duelo establecido se reduzca a Ana Pontón contra Alberto Núñez Feijóo, representado por un hombre sensato y razonable, aunque de escasa pegada política, como Alfonso Rueda.
Algún partido minúsculo puede arañar quizá uno o dos escaños. Tal y como está la situación no serían desdeñables esos escaños y podrían inclinar la balanza hacia el gobierno independentista que auspicia Pedro Sánchez o hacia el gobierno liberal-conservador empujado por Núñez Feijóo.
Ana Pontón, jaleada por los medios afines al PSOE, estrella política de la televisión sanchista, roza ya, según algunas encuestas, la victoria. Eso significaría que el norte de la nación, Galicia, País Vasco y Cataluña dejarán comprometida la unidad territorial de España. Se comprende que los socialistas históricamente más serios y responsables, desde Felipe González a Corcuera, y muchos de los actuales, desde Leguina a García-Page, estén alarmados y, en ocasiones, indignados. Se desdibuja ante ellos la España que contribuyeron a edificar con la Constitución de 1978, abrumadoramente respaldada por el pueblo español, a través de la voluntad general libremente expresada. Y no se trata de principios ideológicos. Pedro Sánchez pacta con secesionistas y proetarras exclusivamente poque necesita sus escaños, sean de izquierdas, sean de derechas, para mantenerse en el poder. Esa es la triste realidad.