Opinión

Sociedades iberoamericanas en busca de autor

WELTPOLITIK

Carlos Ramírez | Jueves 15 de febrero de 2024

Por encima de todas las advertencias y críticas a los resultados electorales recientes en Argentina y El Salvador, los enfoques analíticos parecen estar olvidando la parte esencial de la ecuación: la sociedad argentina terminó con un reinado peronista-populista de casi 80 años y eligió a la derecha neoliberal y la sociedad salvadoreña optó por la reelección de la figura carismática de Nayib Bukele y su saldo en materia de encarcelamiento de pandillas.

Detrás de esas decisiones se pueden encontrar múltiples explicaciones de coyuntura, casi todas ideológicas. Pero no se ha hecho el esfuerzo por profundizar el desarrollo de las contradicciones sociales en ambas sociedades para haber optado con decisiones ante propuestas no democráticas. Y si se agrega la crisis en Haití con la renuncia forzada del primer ministro, magnicidios y alzamiento popular, entonces tendríamos un cuadro preocupante sobre el futuro de una región iberoamericana abandonada por Estados Unidos y la Unión Europea y bajo la mirada apetitosa de Rusia, China e Irán.

Los primeros análisis sobre estos procesos políticos en situación de crisis se pueden resumir desde fuera con una argumentación simple: ¿en qué diablos están pensando las sociedades de esas naciones para no ver que sus opciones decididas están llenas de riesgos y costo, con una circunstancia agravante de que en esta región del mundo las soluciones pasan de manera inevitable por golpes de Estado?

Estamos hablando de tres niveles de sociedad: buen desarrollo político en Argentina, nivel medio de institucionalización en El Salvador y muy bajo nivel de conciencia social en Haití, pero ante situaciones políticas democráticas o forzadas esas tres sociedades han tomado decisiones que tienen que ver más con el hartazgo de la circunstancia que con una expectativa siquiera de mediano plazo. En esas tres naciones se están dando soluciones de emergencia o salidas de urgencia en el populismo de liderazgos políticos que se sostienen en una persona y arrastran a sectores importantes de la sociedad.

Las sociedades de Iberoamérica han carecido de serenidad en sus procesos históricos y cuando menos han dependido de cuatro circunstancias inevitables: el subdesarrollo económico, político y social, la dependencia respecto de figuras personales de liderazgo, bajo nivel de institucionalización de los sectores productivos y una cultura verticalista basado en una relación de dependencia entre líderes carismáticos vis a vis las necesidades de bienestar.

Iberoamérica quedó atrapada en el ciclo histórico de los años sesenta: la irrupción del marxismo como doctrina político-económica de salvación y sobre todo el bajo nivel de funcionamiento de sus instituciones productivas: una burguesía empresarial autoritaria que se heredó de los tiempos de la presencia española, un proletariado que no pudo saltar de la configuración de dependencia semi esclavista de las viejas haciendas a sistemas modernos de producción y sobre todo la ausencia de sistemas políticos basados en partidos y dominados por liderazgos unipersonales.

En Argentina sólo pudo ser derrotado el peronismo y la imagen nostálgica --en versión de Borges-- de Perón con el dinamismo nervioso de un líder como Javier Milei y su discurso de fin del mundo; en El Salvador, Bukele vino a ocupar el espacio de dirección social unipersonal frente al problema gravísimo de las pandillas que estaban echando del país a familias enteras, aunque carezca de una propuesta productiva que genere nuevas presencia y relación de clases donde las figuras criminales salgan sobrando; y Haití sigue viviendo el modelo de dominación de la colonia.

Y se pueden agregar nuevos países: en México se va a elegir presidenta de la República entre dos opciones que se disputan perfiles personales caudillescos, en Cuba se sigue dependiendo de la figura política momificada --como la tumba de Lenin en la Unión Soviética-- de un Fidel Castro que sigue esperando el juicio severo de la historia para no absorberlo, Nicaragua y Venezuela viven de las nostalgias castristas y en Chile, por ejemplo, la dinámica entre las clases productivas e ideológicas se ha trabado frente a la herencia “atada y bien atada” de la astucia política y sistémica del general Pinochet, su Constitución inevitable y su ejemplo de que se solucionan crisis a base de golpes de Estado.

En el pensamiento estratégico de Iberoamérica no existen indicios de que se esté reflexionando más allá del corto período de 50 años y los casos que se tienen a la vista no hacen sino ofertar opciones fracasadas o en vías de fracasar como el destino inevitable de una sociedad que ha evitado la reflexión de su destino y que ha quedado atrapada en las banderas del instante político. No parece haber destino después de López Obrador, Fidel Castro, Hugo Chávez, Perón, Bukele y Pinochet.

Detrás de los liderazgos carismáticos de populismos de izquierda y de derecha no existen modelos de desarrollo con dinámicas sociales correlativas y menos aún se percibe siquiera la existencia de algún pensamiento reflexivo que trate de provocar un sacudimiento intelectual en la región iberoamericana, mientras las sociedades se ahogan en el subdesarrollo, la mediocridad, la esperanza de que los gringos los dejen entrar a su paraíso de explotación laboral basada en una codicia y la ausencia de alguna dinámica política e ideológica que saque a los partidos y grupos dirigentes de la pereza conformista.

Los enfoques sobre la actualidad de países en Iberoamérica tienen validez, por decirlo de manera simbólica, para las próximas dos horas, pero no alcanza para explicar las razones del subdesarrollo y la dependencia y las sinrazones de la falta de expectativas.

Y si junto a Iberoamérica nos encontramos con un elefante americano que ya encontró su cementerio, entonces habrá que esperar años oscuros para la región.