Conocí a Maribel Mijares hace más de 40 años. Estábamos en una cata de vinos creo que en el hotel Ritz y cuando probamos uno de ellos, Maribel dijo textualmente “Este vino tiene aroma de delantal de doncella dormida, en noche de lluvia en pajar asturiano”.
Naturalmente, yo le dije que estaba completamente de acuerdo y que yo también notaba ese aroma.
A partir de ahí, me di cuenta de que había encontrado a una poeta del vino y a una persona que contaba las cosas de una forma extraordinariamente atractiva para la gente no especializada.
Efectivamente, tengo recuerdos y notas de todas las frases que escuché a Maribel Mijares a lo largo del tiempo y que podrían ser titulares de cualquier artículo de periódico.
Maribel podía plantear los temas de esa forma porque tenía una extraordinaria preparación profesional.
Había estudiado Química en la Universidad Complutense de Madrid y Enología en la Universidad de Burdeos y trabajó durante mucho tiempo con Emilie Peynaud, el gran revolucionario de la enología en el Siglo XX.
Quizá, la época en la que tuvimos más relación fue cuando siendo presidente de Repsol, Alfonso Cortina, también Secretario General de la Real Academia, decidió que la Guía Repsol además de restaurantes incorporara una Guía de Vinos.
Y en esa Guía, que permitió promocionar de alguna manera muy positiva los vinos de nuestro país, Maribel fue protagonista.
Ha recorrido el mundo entero probando, catando y opinando de vinos y, también, en ocasiones, haciendo de enóloga y generando unos vinos de extraordinaria calidad.
Como buena extremeña ha impulsado y colaborado en todas las iniciativas que se han llevado a cabo en Extremadura en relación con el vino.
Recuerdo también un día que me dijo que estaba convencida de que el aroma del vino, de las bodas de Caná, tenía que ser parecido al que tienen las flores en primavera.
Una de las cosas que más entendí y disfruté con Maribel fue el tema de las Armonías. Siempre me decía que lo importante no es el vino, sino con quien lo tomas, dónde o con qué. Llegamos incluso a pensar en escribir un libro con los vinos que ella tomaría con determinados hombres y los que yo tomaría con determinadas mujeres.
Al final por una serie de razones que no puedo explicar, el libro no salió adelante.
Era una mujer extraordinaria en lo profesional, pero, también, extraordinariamente humana. Para ella la familia, siempre fue algo importante lo mismo que sus amigos.
Rindió culto a la amistad.
Con un marido estupendo y una hija extraordinaria, creó una familia de la que podía estar muy orgullosa.
Yo quiero dedicarle el homenaje de la Real Academia Española y de la Academia Iberoamericana de Gastronomía y, por supuesto, el mío.
Maribel Descansa en Paz y enseña a beber a los ángeles.