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Máxima protección a Obama ante la amenaza de un atentado racista

el jefe de seguridad advierte del alto riesgo que corre el presidente electo

Jueves 06 de noviembre de 2008
Barack Obama compareció ante la multitud en el Parque Central de Chicago minutos después de confirmarse su victoria en las elecciones estadounidenses. Acompañado por su esposa, Michelle, y sus dos hijas, Sasha y Melia, se dirigió a sus entregados seguidores protegido por un cristal antibalas. El nuevo presidente del país más poderoso del mundo se sabe amenazado.

“Toda vez que hay una transición hay peligro o riesgo de que aumente la vulnerabilidad”, ha declarado este jueves a CNN Michael Chertoff, jefe de Seguridad e Interior de EEUU. Desde que Barack Obama fue designado candidato a la presidencia del país su seguridad se reforzó. Su victoria en las primarias de Iowa supuso la multiplicación de comentarios racistas y amenazantes en la red, hasta el punto de publicarse fotografías de los agentes que protegían al aspirante a la Casa Blanca.

Los analistas de las principales cabeceras de EEUU coinciden en la controvertida figura que supone Obama para las conocidas “agrupaciones de odio”, ya que le denominan un “agente de cambio” comparable con JFK o Martin Luther King. Uno de estos grupos hizo públicos en una revista de ultraderecha en 2007 los fallos de seguridad del senador de Illinois, aportando tal cantidad de datos que parecía, más que una información, una invitación a intentar violar la protección de Obama.

En agosto, durante la celebración de la Convención Demócrata en Dénver, la policía detuvo a cuatro miembros de un grupo de supremacistas blancos que supuestamente planeaban un atentado durante el acto final del evento. Hace dos semanas, Daniel Cowart, de 18 años, y Paul, Schlesseman, de 22, fueron detenidos por planear un atentado contra el entonces aspirante. Los neonazis, que se encuentran en prisión en la actualidad, deberán comparecer ante un tribunal federal en Tennessee por amenazas contra un candidato presidencial y posesión ilegal de armas de fuego, entre otros cargos.

Historia de una… ¿conspiración?
Estos dos casos de amenaza “real” no son motivo de preocupación para los encargados de proteger la vida del futuro presidente y su familia. Sin embargo, ha vuelto a ser actualidad una información que publicó el diario “The New York Times” en 2006. El periodista John Kifner denunció la creciente penetración de jóvenes radicales racistas en el aparato militar norteamericano. La Administración Bush no dio respuesta a esta acusación, que evidenció fallos en el reclutamiento del ejército estadounidense. Además, según el último informe anual del Southern Poverty Law Center -organismo encargado de estudiar la presencia y evolución de grupos intolerantes-, el número de “agrupaciones de odio” que operan en EEUU se ha incrementado un 48 por ciento desde 2000, y son actualmente 602, al menos las detectadas.

Muchas de estas organizaciones clandestinas tienen como Biblia la novela del líder neonazi William L. Pierce “The Turner diaries”, publicada en 1978. La obra narra una sublevación ficticia en la que rebeldes fascistas se proponen derrocar al gobierno federal y amenazan con utilizar armas nucleares contra las principales ciudades del país. Los servicios secretos norteamericanos han vinculado algunos hechos narrados en este libro con actos criminales reales, como la bomba que acabó con 168 vidas en Oklahoma en 1995.

Desde 1986, los aparatos de espionaje han descubierto sucesivos planes de agrupaciones paramilitares con este perfil que pretendían asesinar a Ronald Reagan o más tarde a Bill Clinton. Estudios recientes del FBI apuntan que el crecimiento de los “crímenes de odio” está pasando de una fase de resistencia a una nueva de ofensiva terrorista. Estas estructuras paramilitares constituyen hoy un ejército bien entrenado con, según estimaciones del FBI, más de 100 mil efectivos. Su infraestructura logística les permite disponer de fusiles automáticos, lanzacohetes portátiles, explosivos de última generación y, en algunos casos, armas químicas, biológicas o radioactivas, según el investigador David M. Bresnahan, del World Net Daily.

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