Cultura

La crónica taurina | Moralzarzal: la medicina y la tauromaquia

TOROS

Inés Montano | Domingo 18 de febrero de 2024

La Sociedad Española de Cirugía Taurina organizó un festival benéfico en la magnífica plaza de Moralzarzal. Un recinto diáfano, sin una sola columna ni una valla, se llenó más de la mitad. Lo único malo, es el frío que cala por muy abrigado que estés, después de estar sentado tantas horas. Las bombas de calor sirven de adorno, igual que sucedió en Navalcarnero. El ganado donado para el festival tenía numerosas dificultades. Cada ejemplar presentó varias dificultades. Si las cornamentas iban arregladas para la ocasión, las varas que recibieron los animales fueron recargadas y barrenadas sin medida, puestas sin guardar ni distancias de la mera cortesía con el público. La labor de los puntilleros también dejó mucho que desear. Algunos de los figurantes daban una tenue impresión de acabar de salir de hibernación o querer salirse por la tangente. A pesar de esto, siete diestros con los novillos de las siete ganaderías han protagonizados una tarde llena de matices.

Diego Urdiales no tuvo reparó en castigar con lances destroncadores a Libertador (1º Fuente Ymbro), enseñándole a volver pronto y veloz. La condición que empeoró para la faena de muleta. Ésta transcurrió en dos actos: primero un intento de ajuste, el segundo acto comenzó después de un feo desarme. La muleta quedó hecha añicos. Urdiales sacó la casta y se impuso al rebelde bicho, llevándolo por ambas manos en series rematadas. El animal se murió de pie. Una oreja.

El Fandi y un ejemplar de La Trinidad (2º) cosecharon un éxito rotundo. Lanceado por chicuelinas y banderilleado por El Fandi y Escribano, la lidia de este ejemplar despertó un gran entusiasmo en los tendidos. La faena del granadino fue chispeante, llena de entrega, adornada con pases de rodillas, molinetes y series por ambas manos al toro dominado. La mano firme y la cabeza despejada recibieron su recompensa: dos orejas.

Manuel Escribano respondió a la cortesía de El Fandi y le invitó a banderillear a Pajarero (3º Los Chospes). Aunque el morlaco fue absolutamente distinto del anterior: un manso corretón, daba vueltas al ruedo sin parar, complicando los primeros tercios. Escribano supo mantener al mansurrón en los terrenos alejados de las tablas, lo muleteó con decisión, pero exponiéndose a ser cogido en cualquier momento. La estocada, puesta al marmolillo, llegó al tercer intento. Una ovación.

Cayetano dudaba desde el momento que Hullero (4º Domecq Núñez) logró entablarlo en los primeros lances. La faena sin mucho relieve, dando numerosas ordenes a la cuadrilla algo desairado. La incierta lidia acabó por maliciar al astado. Una ovación.

Vanidoso (5º Montealto) anunció su salida dando tremendos golpes contra las paredes. Un ejemplar muy feo hasta para la donación. Bizco en grado superlativo, grande de cuerpo, remataba enloquecido contra todo lo que topaba. Paco Ureña lo llevó a los medios donde éste se arrancó solo al varilarguero. Ureña hizo una gran faena. Igual que en Valdemorillo, o en las Ventas, abordó al rebelde e incierto ejemplar con firmeza y elegancia. Las cualidades que pocas una faena puede aunar. Los pases estatuarios, las series largas sin enmendarse, el aguante en los intentos de desarme: todo coronado por unos pases naturales de trazo largo y solemne. El toro le aguardaba hasta el último momento: Ureña fue arrollado al descabellar. Una ovación.

Jiménez Fortes citó al novillo de Garcigrande (6º) con un afarolado de rodillas, lo llevó embebido en su capote por flexionados a los medios logrando una gran ovación. Se mostró bravo en el caballo, pero comenzó apretar y ceñirse ya en el quite, condición que empeoró. Fortes le ahormó por doblones, lo llevó muy cerca en varias tandas, cambiando de mano. Aguantó desarmes, evitó cogidas, siempre atento y despierto, aún así salió empitonado y con el traje desgarrado. Lo remató con un pinchazo hondo y descabello a la primera. Una ovación.

Fabio Jiménez apechugó a Candela (7º Jandilla). Un ejemplar muy cornicorto y alto, frenaba sus embestidas arrastrando lo remos traseros. La faena muy larga y monótona, aunque acompañada por la apostura de la joven promesa. Una oreja.

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