Opinión

¡Suerte Sr. Presidente!

Sabrina Gelman | Jueves 06 de noviembre de 2008
La noche del 4 de noviembre el pueblo estadunidense dijo al unísono “yes, we can” (sí podemos), al cambio, a la alternancia y a escribir un nuevo capítulo en la historia de los Estados Unidos, no sólo porque Barak Obama será a partir del próximo 20 de enero, el primer presidente afroamericano que se sentará en la silla del Despacho Oval, si no porque el abrumador triunfo del Partido Demócrata tanto en las presidenciales como en el Congreso y en el Sedando, deja tras de sí ocho año de la política unilateral y beligerante de George W. Bush.
Hijo de un inmigrante keniano y de una americana blanca de Kansas, Obama es el vivo ejemplo de ese país plural, multicultural y mestizo que son los EEUU, ya que el Senador por Illinois conjuga todos los valores de la actual sociedad norteamericana. Una sociedad que ve la necesidad de reconectarse y vincularse con las auténticas realidades sociales y políticas que afectan directamente a su país, cuyos ciudadanos están cansados de los delirios patrióticos de una administración que ha dejado como balance, la herida abierta de dos guerras en Oriente Próximo y una profunda crisis económica de escala internacional.

Después de 143 años de la aprobación de la 13era enmienda que dio cabida a la abolición de la esclavitud y a cuatro décadas de haberse iniciado el Movimiento por los derechos civiles, la potencia norteamericana eligió a un nuevo presidente que reivindica a los estadounidenses con su pasado, gracias a su capacidad para tender puentes, emocionar y movilizar a millones de personas que sin distinción de edad, raza, religión, preferencia sexual o condición social ansían el cambio.

No cabe duda que el 4 de noviembre supone un antes y un después en la historia de EEUU. Por un lado, vimos las imágenes de los millones de seguidores de Barak Obama celebrando en las calles de todo el país, en una ola multirracial en donde no pasaron desapercibidas las lágrimas del Reverendo Jesse Jackson o de la estrella televisiva Ophra Winfrey. Tampoco debemos dejar a un lado, la dignidad y la entereza con la que el candidato republicano, John McCain, no sólo reconoció su derrota; en un gesto de enorme humildad confesó su admiración hacia su oponente y destacó el momento histórico por el que está atravesando el país, el cual “llena de orgullo a la comunidad afroamericana”.

Si bien es cierto que los norteamericanos siempre han hecho alarde de un gran espíritu patriota y nacionalista, esta jornada electoral desnudó un lado del alma estadounidense más participativo y comprometido con su bandera, demostrando que ya no es la nación racista que fue hace cuarenta años. Ahora Barak Obama se enfrenta a la difícil tarea de desprenderse del furor mediático de la obamanía para crear un gobierno de integración y transición que permita fortalecer y restablecer los cimentos de la maltrecha política estadounidense, a fin de retomar asuntos pendientes de la agenda americana, que Bush engavetó para convertirse en El Quijote del Siglo XXI. Por esto y por el país que le tocó heredar, no me queda más que desearle ¡suerte Sr. Presidente!

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