Opinión

Urgencias medioambientales en la Aldea global

TRIBUNA

Jesús Lizcano | Martes 20 de febrero de 2024

Tanto el incuestionable Cambio climático, como el desinterés y una cierta indolencia por parte de la mayor parte de los países que cohabitan esta Aldea global de más de ocho mil millones de personas, nos están llevando a una peligrosa deriva en el corto y medio plazo para la salud y la sostenibilidad de nuestro planeta.

El hecho de que cada año se estén perdiendo en el mundo diez millones de hectáreas de bosque (la superficie aproximada de Corea del Sur) debido fundamentalmente a la deforestación, es uno de los muchos ejemplos de la situación y la tendencia tan alarmante en la que nos movemos medioambientalmente en la comunidad internacional.

Para afrontar esta situación cabe hacer una primera referencia a las pautas y recomendaciones existentes a nivel internacional, entre las que se encuentra el Objetivo de Desarrollo Sostenible número 15 de la ONU, que aborda la necesaria preservación de la vida de los Ecosistemas terrestres, y ello a través de una adecuada gestión sostenible de los bosques y una lucha contra la desertificación, con el fin de detener y revertir la degradación de las tierras así como la pérdida de diversidad en nuestro planeta. También la ONU viene promoviendo desde 2012 la celebración anual (cada 21 de marzo) del Día Internacional de los Bosques, para concienciar de su importancia a la comunidad internacional.

Ante esta aguda situación ecosistémica global, se hace tan necesaria como urgente una colaboración y coordinación internacional, así como en el terreno científico y social una visión holística y multidisciplinar del problema, que haga posible ir resolviendo o al menos mitigando de forma inmediata estos preocupantes escenarios medioambientales.

Dentro de las numerosas vertientes existentes en este contexto, vamos a hacer referencia en estas próximas líneas a una de los más importantes como es la deforestación y la pérdida acelerada de árboles en nuestro planeta. Para enfrentar este problema se hace tan necesaria como urgente una amplia reforestación de los territorios. Recordemos que la reforestación es la acción de plantar árboles en terrenos que han sido deforestados o que han perdido su cubierta vegetal natural, siendo por tanto su objetivo fundamental la restauración de los ecosistemas forestales y la recuperación de los beneficios ambientales que éstos proporcionan.

Esta reforestación puede conllevar distintas actuaciones tales como: la plantación de árboles (a través de la siembra directa, la plantación de plántulas o la reforestación aérea), y la selección de las especies, dado que es muy importante una adecuada elección de los árboles, en función de cada territorio, su microclima, y las condiciones del terreno. También es importante una sistematización del control de los árboles recién plantados, a través del riego, la fertilización, la protección contra plagas y enfermedades, etc. que puedan asegurar su supervivencia.

Uno de los efectos beneficiosos fundamentales de la reforestación es la descarbonización, ya que a través de la fotosíntesis los árboles absorben dióxido de carbono de la atmósfera y reducen así las emisiones de gases de efecto invernadero y ayudan a mitigar el cambio climático. Por otra parte, la reforestación puede contribuir a la recuperación de cuencas hidrográficas, ya que los árboles ayudan a proteger los suelos de la erosión y a regular el flujo de agua en dichas cuencas. También es importante la vertiente de la producción de madera, que proporciona una fuente sostenible de este elemento para la industria forestal. Y tampoco hay que olvidar que la reforestación tiene un efecto positivo en las ciudades, ya que ayuda a mejorar la calidad del aire, a reducir la temperatura y a crear espacios verdes para el ocio y la educación ambiental.

En clave de propuestas positivas de cara a abordar este problema en nuestro país, en los últimos años venimos postulando la necesidad de un Pacto de Estado por el Medioambiente que entre otras cosas promoviese la plantación masiva de árboles en nuestros territorios (sobre todo, en los de la España vaciada), llegando a un objetivo consensuado de plantar un millón de árboles al año, eligiendo a tal efecto aquellas especies de árboles más idóneas para cada territorio (algunas especies arbóreas llegan a transformar diariamente 20 kilos de CO2 en seis kilos de oxígeno). Ello tendría un efecto beneficioso sobre el medio ambiente y la descarbonización, y podría crear, además, un buen número de puestos de trabajo.

En este contexto, y de una forma paralela y coordinada, a través de dicho Pacto político se podría impulsar igualmente una gestión integral del ciclo del agua, a través del ahorro y la reutilización, el aprovechamiento de la lluvia y de los torrentes, la limpieza, descontaminación y mantenimiento de cauces, lagos y costas, así como la desalinización del agua del mar (y ésto en lo posible en base al uso de energías renovables).

Después de las anteriores referencias a la reforestación, nos gustaría finalmente dedicar unas líneas a una actividad tan importante y más amplia incluso que la reforestación. Nos estamos refiriendo a la resilvestración, esto es, al proceso de devolver un ecosistema a un estado más natural, mediante la intervención humana. A diferencia de la citada reforestación, que hemos visto que se centra sobre todo en la plantación de árboles, la resilvestración abarca una visión más amplia que incluye la reintroducción de plantas, animales y otros elementos que originalmente formaban parte del ecosistema. También se ocupa de restaurar las condiciones ambientales que sean necesarias para que las especies prosperen, lo cual viene a proteger y promover la recuperación de los ecosistemas. Como ejemplo de reintroducción de especies, podemos recordar la que ha venido teniendo lugar en América del Norte, reintroduciendo el bisonte, que había sido cazado durante décadas hasta su casi extinción. Y algo parecido sucede con la reintroducción del lince ibérico en nuestro país, especie ésta realmente amenazada desde hace mucho tiempo. Por otra parte, en España hay zonas especialmente degradadas por causas diversas (incendios forestales, extracción inadecuada de aguas, etc.) tales como las Tablas de Daimiel, Doñana, Sierra Nevada, etc.) que pueden beneficiarse especialmente de una efectiva resilvestración, lo mismo que otras muchas zonas en el mundo, tales como la Selva amazónica, la cuenca del Río Congo, o Indonesia.

En resumen, el objetivo de estas breves líneas era destacar la necesidad y urgencia de detener y revertir muchos de los procesos de degradación existentes en tantas y tantas zonas y regiones de nuestra Aldea global, haciendo referencia a algunas propuestas de sostenibilidad, reforestación, y resilvestración, que en todo caso deberían ser promovidas e impulsadas por la clase política que dirige las instituciones y territorios de nuestro país así como las de ámbito internacional, ya que el problema de la sostenibilidad y el medioambiente son problemas globales que necesitan ser abordados con soluciones integrales tanto nacionales como supranacionales.