El caso Koldo se extiende como la pólvora. La investigación no ha hecho más que empezar y la lista de socialistas y ministros implicados crece a gran velocidad. Primero, al menos por su responsabilidad “in vigilando”, se encuentra Pedro Sánchez. Ábalos está contra las cuerdas por su cercanía con el presunto cabecilla. Pero también se ha descubierto que negociaron y compraron mascarillas infectadas de corrupción Armengol, Illa, Marlaska, Puente y Torres. Esto es, la presidenta del Congreso, el líder del PSC (entonces ministro de Sanidad), el ministro del Interior, el ministro de Transportes, conocido como “el dóberman” del Gobierno y el que era el presidente de Canarias y, en la actualidad, ministro de Política Territorial. El infame caso de corrupción durante la pandemia es un tsunami que puede hundir aún más al Gobierno y al PSOE.
Los implicados callan, se escabullen, se esconden o niegan. Pero la Justicia es implacable y llegará hasta el final. A Pedro Sánchez le llueven las críticas y ya le plantan cara hasta sus queridos socios de ERC que tildan de Inhumano” el caso y piden que se investigue en el Congreso. Mientras Yolanda Díaz, desaparecida en el combate gallego, ha vuelto a sacar la cabeza para atacar “la infamia” y recuperar el protagonismo perdido.
Pero, una vez más, Pedro Sánchez se escabulle en lugar de enfrentarse al problema con sensatez y valentía. Debería comparecer en el Congreso para aclarar el caso y destituir a los implicados, el primero Ábalos. De momento, sin embargo, se ha limitado a actuar como suele: atacar al PP, calumniar a Díaz Ayuso y declarar cobardemente que “no sabía nada”.
A Pedro Sánchez se le ha torcido definitivamente la legislatura. Después de que fuera tumbada en el Congreso la ley de amnistía, su salvavidas, el PSOE sufrió un batacazo histórico en las elecciones gallegas y, antes de recuperarse del trastazo, ha saltado el llamado “caso Koldo”, que debería llamarse “caso Ábalos”. El presidente del Gobierno ha demostrado que no sabe perder. Tampoco ganar. La soberbia se lo impide. Ya sólo le queda agarrase al último clavo ardiendo y cumplir su sueño de convencer a Puigdemont para que le mantenga en la poltrona con sus 7 escaños de oro, que acepte la ley de marras y, luego, apoye los presupuestos.
Pero resulta evidente que ya nada será lo mismo para Sánchez. Si, como intenta desesperadamente, es capaz de aguantar la legislatura se verá obligado a sufrir las embestidas de los separatistas y de todos sus socios. Porque ya nadie le respeta, pues no es de fiar. Porque está hundiendo al PSOE y porque no gobierna. Sólo piensa en sobrevivir. En seguir adelante a trancas y barrancas. Su única salida digna sería dimitir y disolver las Cortes. Pero nunca lo hará.