Esta es una de las grandes tragedias que vivimos en este parque temático que es Europa: la soledad de los ancianos. Sí a esta soledad añadimos el “aparcamiento” de los mismos en residencias, en casi todos los casos costosísimas, comprobamos que lo viejo molesta, que ya no vale y que además nos alejamos cada vez de aquellos que nos dieron la vida.
Esta semana hemos tenido la oportunidad de conocer la “Carta de derechos de las Personas Mayores y los Deberes de la Comunidad” que es el resultado de los trabajos realizados en Italia por su Comisión para la Reforma de la Atención Sanitaria y Social de la Población Mayor, creada en 2021 por el Ministerio de Sanidad del gobierno italiano. Monseñor Vicenzo Paglia, Presidente de la Pontificia Academia para la Vida del Vaticano, Presidente también de la ya citada Comisión, que fue creada durante la pandemia del Covid-19, nos dio a cocer esa Carta que nos habla de la necesidad de cambiar de paradigma y formular una visión de la vejez, y que fue aprobada por unanimidad por todo el arco parlamentario italiano.
Una carta de la que voy a recoger sus dos primeros apartados y que nos dicen que “las personas mayores tienen derecho a tomar decisiones independientes, libres, informadas y conscientes sobre sus opciones de vida y las decisiones más importantes que les afectan” y que “es deber de los familiares y de todos los que se relacionan con la persona mayor proporcionarle toda la información y los conocimientos necesarios para una autodeterminación libre, plena e informada, teniendo en cuenta su estado físico y cognitivo”. Dos apartados que nos hablan de la importancia de la Carta y de su interés presente y futuro, porque, por ejemplo, el hecho de que una persona mayor haya perdido ciertas capacidades físicas e instrumentales para la vida diaria, como asearse o alimentarse, no debe convertirse automáticamente en una sentencia de incapacidad para tomar decisiones y ser sustituidas por las que tome la familia o los cuidadores a menos que esa incapacidad sea tal que no haya otras soluciones.
Hoy la esperanza de vida se ha prolongado en al menos veinte años, lo que hace que se haya creado una nueva generación en la que no se había pensado en nada. Hoy, según Monseñor Paglia,” la vida tiene cuatro pisos: niños, jóvenes, adultos y ancianos. Los tres primeros tienen ascensor y comunicación, pero al cuarto no llega nada. Por eso se necesita de una terraza superior para ver lo que pasa en todos el edificio”.
Esta Carta elaborada y aprobada en Italia podría ser un ejemplo, como decíamos, para todos los países del entorno. Hay que evitar la soledad de los mayores y hay que buscar que los ancianos puedan vivir en su entorno de siempre, con ayudas pertinentes, como dice la citada Carta en su artículo 19 que establece el principio de que “la persona mayor tiene derecho a permanecer en su propio domicilio el mayor tiempo posible”. Como nos decía Monseñor Paglia” se trata de una reforma profunda, ya que el hogar es el lugar de sus afectos y su memoria, de su historia y su experiencia. Perder el hogar significa perder las memoria, abandonar las raíces y, en definitiva, abandonarse a sí mismo”.
Una gran iniciativa y damos las gracias a las Fundación Pablo VI que ha sido la artífice de la presentación de este gran documentos en España, que por lo menos nos haga reflexionar a todos que no debe haber ningún anciano solo y evitar su “aparcamiento”.