El Gobierno y el PSOE recurren con frecuencia a frases manidas e ideas trilladas para aparentar su compromiso con la democracia y, ahora, en su batalla contra la corrupción tras estallar el caso Koldo. Del rotundo “este Gobierno es implacable con la corrupción” de Sánchez hasta el “vamos a llegar hasta el final” de los ministros y voceros socialistas. Aunque se trata de mera palabrería, de eslóganes creados en la fábrica de propaganda de La Moncloa.
Resulta evidente que Ábalos estaba obligado a dimitir pos su responsabilidad política. Pero el PSOE se ha equivocado en la forma y el fondo del desquiciado acoso a uno de los históricos del partido. Y ahí está el resultado. Los socialistas han patinado con la precipitada expulsión de José Luis Ábalos quien en su comparecencia en rueda de Prensa ha desbaratado las mentiras empleadas por sus ya excompañeros. Y ni implacables ni hasta el final. La realidad es otra.
Porque si quieren llegar hasta el final, tienen que empezar por Salvador Illa, el entonces ministro de Sanidad que avaló la compra de las mascarillas. Y pedir también explicaciones, entre otros, a la presidenta del Congreso y a los ministros de Interior y de Política Territorial por contratar la adquisición de material sanitario a la trama corrupta. Y, porque si el presidente es “implacable con la corrupción” no puede indultar a los condenados por un intento de golpe de Estado acusados, además, de malversación e intentar amnistiar a un prófugo de la Justicia.
Echar a patadas al exministro ha sido una torpeza. Porque la expulsión no ha sido más que un intento de apagar precipitadamente el incendio con un chivo expiatorio mal elegido. Pues al final, los socialistas han quedado en ridículo al lanzar un ultimátum del que se ha burlado el diputado con su paso al Grupo Mixto.
Porque Ábalos no es el máximo responsable político de la trama. En todo caso, lo es Pedro Sánchez como presidente del Gobierno. Quien, además, le nombró secretario de dirección del partido y ministro y calificó al famoso guardaespaldas de ser un “izkolari socialista ejemplar”. Pero el líder del PSOE se esconde y deja a sus sicarios hacer el trabajo sucio. Más que un cortafuegos, el PSOE ha echado gasolina al propio fuego con la expulsión de Ábalos. Sólo han conseguido perder un escaño y situar en el Hemiciclo a un enemigo muy peligroso.