Para todo aquel que se precie de valorar la música en su esencia, el nombre de Juan Durán debería resultarle más que familiar. El compositor gallego representa uno de los faros preeminentes que actualmente ilumina la senda musical pura. Todo un ejemplo modélico a seguir en estos tiempos donde la oscuridad reina incluso en el ámbito de la cultura —un ámbito que siempre debería brillar—. Su obra posee la facultad de la universalidad, por cuanto sus mimbres no se rigen por modas ni imposiciones sino que respiran un espíritu genuino y clásico y, por ello, atemporal. Buena parte de ello se debe a las bases que inspiran al autor vigués, siempre modélicas: el respeto a la tradición y su aprendizaje. Con estas referencias elabora una fórmula desde el lenguaje presente con la que siempre sorprender —y para bien— al público.
El pasado año 2023 nos dejó dos grandes acontecimientos: de un lado, la presentación el 25 de abril en el Ateneo madrileño del proyecto de adaptación al género lírico de Luces de bohemia, obra capital de Ramón María del Valle-Inclán, con partitura de Juan Durán y libreto de José Luis Méndez Romeu; de otro, la publicación por parte de Viso y SGAE del doble disco Juan Durán: Obras para orquesta, interpretado por la Orquesta Sinfónica de Galicia. Este año 2024, el músico se ha involucrado en distintos proyectos que van viendo la luz, dosificando su luz prudentemente. De entre ellos, destaca la presentación el 30 de enero en la SGAE de Santiago de Compostela del disco String Quartets by Del Adalid, Arriola, Durán, publicado por el prestigioso sello Brilliant Classics. Como vemos, una trayectoria constante y productiva que refleja la personalidad de un autor caracterizado por el tesón y el buen hacer en todo lo que se propone. Gracias a ello, podemos disfrutar a día de hoy de una obra extensa que representa todo un regalo para los oídos.
Para hablar de éstas y de otras cuestiones, hemos citado a Juan Durán para la presente entrevista. Él ha recogido el guante con la generosidad que le caracteriza, brindándonos su tiempo y opiniones, que sin duda contribuirán a arrojar todavía más luz a su figura como compositor y humanista.
Pregunta: Brilliant Classics acaba de publicar el álbum Strings Quartets from Galicia. Un trabajo en el que te has implicado personalmente y que incluye, como una de las tres obras grabadas, tu Cuarteto de cuerdas. ¿Cómo surge este proyecto y tu participación en él?
Respuesta: En mi relación profesional con el Cuarteto Novecento, integrado por cuatro magníficos intérpretes de la Real Filharmonía de Galicia, surgió la idea de grabar obras inéditas del repertorio gallego, teniendo en cuenta que por la duración de las obras no podrían ser más de tres. Por tanto, fuimos a dos autores de referencia: Adalid del siglo XIX, y Arriola del XX. Yo tuve la fortuna de estar entre los elegidos, con lo que se completó una panorámica de la música de cámara gallega a lo largo de tres siglos. Le ofrecieron el proyecto al prestigioso sello Brillant Classics, les gustó y decidieron editarlo. Casi un milagro.
P: Escuchando este disco único, el melómano disfrutará sin duda de la interpretación que el Cuarteto Novecento realiza de tres obras bien distintas. Se trata de tres autores con estilos bien distintos y separados en el tiempo, con un común denominador: el cuarteto como fórmula musical en la tradición musical gallega. En este sentido, como compositor destacas —entre otras cosas— por ahondar en un tipo de pieza musical poco desarrollada en el rico repertorio musical que atesora Galicia. ¿A qué crees que se debe esta carencia?
R: El rico repertorio musical gallego que, no lo olvidemos, se inicia con las Cantigas medievales, ha tenido como piedra angular la canción de concierto, que en Galicia seguimos denominando “cantiga” y que ha tenido entre sus grandes seguidores a compositores como Baldomir, Chané o Montes, y a poetas como Rosalía de Castro o Curros Enríquez. Ahí está lo mejor de nuestro patrimonio. Otras formas como la música de cámara o sinfónica no han sido tan atendidas por los creadores, lo que no merma el valor de obras de gran calidad como los cuartetos de Adalid o de Arriola.
P: Tu String Quartet se divide en tres movimientos, tan diferentes entre sí como rompedores: en el primero —Pasodoble—, se advierten aires que recuerdan a los creados por los juguetones compositores de Los Ocho, como Mantecón o Pittaluga, adaptando la música popular de corte castiza a la modernidad musical. Blues supone, tras el dinamismo anterior, un intermedio sereno, melancólico e incluso meditativo. Finalmente, Samba vuelve a los ritmos bailables populares —en este caso brasileños— filtrándolos sobre una partitura de aires contemporáneos en la línea de las bachianas de Villa-Lobos. ¿Cómo surge este proyecto?
R: Escribir un cuarteto de cuerda que tuviera verdadero interés en pleno siglo XXI, después del último gran monumento sonoro como es la integral de cuartetos de Bartok, me parecía una empresa imposible. Tuve la idea, entonces, tratando de aportar cierta novedad al género, de combinar lo popular con lo académico. Unas danzas absolutamente fuera de contexto que a la vez me permitieran imbricarlas en la estructura clásica del cuarteto. Así, el Pasodoble asume la forma sonata, el Blues el lied, y la Samba el rondó. Unas danzas que son tratadas con gran libertad dentro del sólido armazón formal.
P: Los otros compositores escogidos para el disco, Marcial del Adalid y José Arriola, suponen un descubrimiento para el público general debido a su calidad, a pesar de haber quedado eclipsados por otros creadores de la época. Los aires clásicos y decimonónicos del primero —como el Minuetto— contrastan con el despertar de la música de vanguardia ideada por el segundo, ya iniciado el s. XX. ¿Qué destacarías de ellos como autores y a qué crees que se debe ese ensombrecimiento hacia su trabajo?
R: Marcial del Adalid es, sin duda, uno de los grandes compositores románticos españoles. Su obra para piano es verdaderamente referencial, pero no olvidemos que es autor de un amplio catálogo donde conviven la música de cámara, el lied o la ópera. Como tantos autores españoles viven ensombrecidos por el aplastante imperio de la música centroeuropea. Adalid es un autor todavía por descubrir, como lo es Arriola, un compositor al que se le recuerda por el niño prodigio que fue, Pepito Arriola, pero cuya obra, en gran parte, todavía está inédita. Las instituciones con competencias en el patrimonio musical tienen una gran responsabilidad con la puesta en valor de nuestra música, acercar su conocimiento e impulsar su difusión.
P: Strings Quartets from Galicia propone al oyente una evolución histórica y estilística del cuarteto a través de casi tres siglos. ¿En qué consideras que se ha enriquecido el ámbito musical sinfónico durante este tiempo y qué ha podido perder en cuanto a valores positivos?
R: Creo que, sinceramente, es más lo que hemos perdido que lo que hayamos podido ganar. Hemos perdido belleza mientras aplaudimos cierto feísmo que bendecimos como moderno. Ciertamente, ha habido grandes avances como los citados cuartetos de Bartok, pero también han eclosionado obras, al amparo de la llamada “música contemporánea”, que lo único que consiguen es alejar al público de las salas de concierto. Ya lo vaticinó Honegger hace más de 70 años en “Yo soy compositor” (libro fundamental para entender la música de nuestro tiempo) cuando afirmó que dentro de pocos años, el arte musical tal como lo concebimos no existirá más. Esa situación ya está instalada hace tiempo. No olvidemos que otro grande como Giuseppe Sinopoli manifestó hace ya 30 años que el material musical estaba agotado.
P: Sin lugar a dudas, tu nombre figura en la lista de los más prestigiosos compositores sinfónicos actuales, no sólo del panorama gallego o español, sino internacional. Entre las justas razones, encontramos tu defensa de la armonía sin renunciar a la modernidad musical de tu tiempo. ¿Cuál fue el motivo que te llevó a escoger este camino ético y estético, a diferencia de otros compositores de tu generación?
R: Ser fiel a mí mismo. Puedo dejar de serlo consciente y libremente si las circunstancias lo requieren ante un determinado encargo o cuando he escrito para un concurso, pero emocionalmente siento la necesidad de comunicarme con el público transmitiéndole una música que responda a sus expectativas sensoriales. No entiendo qué sentido tiene después de lo ocurrido en el arte musical a lo largo del siglo XX pretender Épater le bourgeois. Pienso que casi me resulta ridículo asistir al estreno de obras pretendidamente modernas, contemporáneas. García Abril afirmaba que el abandono de la melodía sistemáticamente podía provocar la desaparición de la música como lenguaje de comunicación.
P: Uno de tus maestros fue precisamente el gran Antón García Abril, defensor de la melodía en la composición. A él le dedicas precisamente una de tus obras, Fantasía sobre un tema de García Abril. A la vez, él se sintió muy apegado a Galicia sentimentalmente. ¿Qué enseñanzas te legó como músico y como persona de grandes valores?
R: García Abril no fue exactamente mi maestro. No me enseñó las reglas de la composición pero me dio buenos consejos y me transmitió su gran experiencia. Su posicionamiento estético es de sobra conocido y comparto con él su afán de comunicatividad, su voluntad de belleza. Pero también su sensatez como compositor práctico que no perdía de vista el horizonte. Me decía que cuando escribía tenía una mano en el cielo y otra en la tierra. Ese equilibrio entre la fantasía y las servidumbres del pentagrama. Era un hombre muy sabio al que también le tocó vivir los primeros tiempos de las “vanguardias” en España. Al principio sucumbió como todos deslumbrado por las que eran las nuevas técnicas, pero después, y hasta el final, se mantuvo fiel a sí mismo y es un ejemplo de integridad.
P: Otro de los motivos de tu grandeza como compositor son los múltiples ámbitos a los que has dedicado tus partituras: desde el Lied, pasando por la música de cámara, la ópera, el ballet o la zarzuela. Sin ir más mejor, el año pasado presentaste junto a José Luis Méndez Romeu la adaptación escénica de Luces de bohemia, obra culmen del esperpento valleinclanesco. ¿Qué ha supuesto esta obra en tu trayectoria y qué retos asumiste al aceptarla?
R: Desde un principio tuve claro que con Luces de Bohemia estaba ante un texto susceptible de ser convertido en zarzuela. Y así ha quedado: el primer esperpento lírico. Para ello fue primordial contar con Méndez Romeu a la hora de adaptar el texto, y ambos estamos muy satisfechos del resultado. Luces de Bohemia se nos presenta en el más puro esquema de una revista: el deambular de Max Estrella y Don Latino por las calles de Madrid, donde van a aparecer danzas características como la rumba, el chotis, la jota o el pasodoble. Y por encima de todo la línea del canto. La música empieza donde terminan las palabras. Pero ahora toca esperar al estreno que ojalá se produjera este año en el que conmemoramos el centenario de la primera edición de Luces.
P: Otra parte muy importante en tu obra es la recuperación de la música tradicional a través del folklore o de compositores tan prestigiosos como Andrés Gaos o Pablo Sorozábal. ¿Cómo de importante es el pasado para componer en el presente y construir la senda futura de la música?
R: Soy un compositor gallego y me siento parte de una comunidad en la que vivo desde hace más de 60 años. Creo que con el tiempo he llegado a conocer, musicalmente hablando, algo de este territorio. Me siento cercano a los músicos históricos de mi tierra. Es como yo lo siento. Y trato de aportar mi sello personal tanto a obras existentes, populares o de autor, con arreglos, fantasías o variaciones, como a obra propia que desarrollo en este entorno físico y cultural que me es vitalmente tan próximo.
P: En el año 2021 sorprendiste con el ballet para orquesta Hildegart, inspirado en el trágico personaje de la joven madrileña que le da nombre. ¿De qué forma decidiste aproximarte a esta historia desde el lenguaje musical?
R: Hildegart Rodríguez Carballeira, era ferrolana de origen y efectivamente fue asesinada por su madre en 1933 en Madrid. Una historia terrible que conmocionó la sociedad de su tiempo y que aún hoy nos perturba. Pensé en hacer una ópera, pero finalmente exploré el formato de un ballet, y fue toda una experiencia nueva para mí ante un formato muy poco tratado por los compositores actuales. La música de Hildegart se estrenó en 2021, magníficamente dirigida por Paul Daniel, pero el ballet está todavía pendiente de estreno. Ojalá podamos escucharla pronto interpretada desde el foso, con una compañía de ballet sobre el escenario.
P: Recientemente también hemos podido disfrutar de la publicación en 2 CD de una selección de tus obras orquestales, interpretadas por la Orquesta Sinfónica de Galicia. Si pudieras desdoblarte y considerar desde fuera tu formidable carrera profesional, ¿cómo la describirías a grandes rasgos?
R: Cuando finalizas tus estudios en el conservatorio, nadie te orienta el mejor camino que debes de seguir para poder desarrollar tus capacidades. Es una búsqueda propia que se hace sin un guión previo. Además, esa actividad artística hay que compaginarla con un medio de subsistencia. Esto es así para todo aquel que se mueva en un arte no comercial. Nadie vive de hacer sonetos ni sonatas, es el tiempo que me tocó vivir. En esas circunstancias es muy difícil mantener el ánimo para escribir una música que nadie te pide y que a muy pocos interesa. Pero cuando esa actividad es tu vocación, el sentido de tu vida, lo haces feliz. Es mi manera de comunicarme con el mundo.
P: El director de orquesta Víctor Pablo Pérez también resulta muy simbólico en tu trayectoria, pues se ha erigido en impulsor de algunas de tus obras, llegando a estrenarlas con enorme éxito. ¿Qué podrías decirnos de él a modo de semblanza?
R: El Maestro Víctor Pablo, como sabes, fue director durante más de 20 años de la Sinfónica de Galicia. Él ha dirigido y estrenado más de una decena de obras de mi autoría, y también con la de Tenerife y con la ORCAM. Para mí es un privilegio que un artista de esa categoría se haya interesado por mi trabajo. Tiene una gran calidad humana y ha sido siempre muy generoso, no sólo haciendo mi música sino sabiendo orientarme técnicamente. Le estaré siempre agradecido. Su presencia en mi vida profesional ha sido un verdadero regalo del destino.