La presidenta de las Cortes, Francina Armengol, “tuvo un papel clave en la corrupción de Koldo”, según los dirigentes del Partido Popular que se han mostrado implacables y han solicitado en el Congreso de los Diputados la fulminante dimisión de la presidenta.
Dentro de la lógica parlamentaria, la tercera autoridad de la nación no puede estar cuestionada por un asunto de árida corrupción. Todos los indicios la vinculan al caso Koldo, que le ha costado al exministro José Luis Ábalos, alejarse de su grupo parlamentario y sumarse al mixto con el fin de conservar el aforamiento.
Diversos medios de comunicación serios han sumado algo más que indicios a la actitud de colaboración con Koldo de la expresidenta del Gobierno balear. Difícil para ella sortear tantos obstáculos como se han levantado a su paso. Su imagen se ha deteriorado a ojos vistas y cada día se acentúa la sensación política de que la presidenta del Congreso no podrá continuar, tan abrumada como está por esos hechos que se publican, así como por los comentarios que los robustecen.
Lo que ocurre es que Pedro Sánchez pelea denodadamente porque no caiga Francina Armengol. Sabe que, tras ella, se quedará solo ante el peligro. La presidenta es el cortafuegos de unas llamaradas que se extienden ya hasta los muros del palacio de la Moncloa. A pesar de la celeridad con que el mejor hombre con que cuenta Pedro Sánchez, es decir, Félix Bolaños, ha respondido al tsunami Koldo, el presidente se siente zarandeado por el huracán y sabe que los vientos se incrementarán si cae Francina Armengol.
La consigna de los dirigentes del PSOE sanchista está clara: es necesario defender a la presidenta a toda costa. Se trata de una mujer vulgar, excluyente y sectaria, muy lejos de lo que Meritxell Batet representó. Pero es lo que hay y Pedro Sánchez la defiende en castellano y en todos los idiomas oficiales de España, por ella impuestos en el Congreso de los Diputados. Hasta ahora, el presidente ha tenido éxito. Pero la tramitación en el Congreso del escrito presentado por el Partido Popular, exigiendo la dimisión de Armengol, mantiene en vilo a los jerarcas del sanchismo. Pedro Sánchez no sabe cómo atender ya los frentes que se le han abierto, colocando en la cuerda floja a una legislatura de futuro cada día más incierto.