La señora Úrsula von der Leyen nos advierte que Europa debe prepararse para una guerra con Rusia. Pues siento decirle a doña Úrsula que un servidor tiene otras obligaciones que atender. Soy una persona muy comprometida con mi entorno afectivo, de manera que no me esperen ni para llevar los cafés al puesto de mando. Puedo estar de acuerdo en que el señor Putin sea desagradable, pero sabida es también la elevada dosis de mala leche que se gasta, además de su afición por enviarte a Siberia con lo puesto en ese momento, ya sea en calzoncillos como en salto de cama, y como mucho una ‘rebequita’ (en plan cursi) por si refresca por las noches.
El presidente francés, Emmanuel Macron, es otro de los que alimentan la idea de irnos preparando para un ataque de Rusia en los próximos años. Nos ha soltado la siguiente soflama: “Seguramente nos acercamos a un momento para Europa en el que será necesario no ser cobardes. La guerra ha vuelto a nuestra tierra, las potencias que se niegan a detenerse extienden cada día la amenaza. Tendremos que estar a la altura de la historia y de la valentía que implica” Como verán, una vez más el mantra de la guerra nos mete el miedo en el cuerpo. Me parece una canallada de mal gusto porque para el caso no creo en las miserables congregaciones políticas europeas que tanto ruido hacen y nada solucionan cuando la paz debería ser una sola voz y en la misma dirección. Un imposible como bien sabemos, al menos mientras los genuflexos mantengan su culto hacia estos líderes de tres al cuarto, vividores a nuestra costa, que solo les mueve el lucro y la avaricia.
Y por si esto fuera poco, Estados Unidos forzaría a los países de la OTAN a ir a la guerra, pero eso sí, en suelo europeo, en el caso de que Rusia doblegara a Ucrania. Ante esta deriva tan sombría Europa se está preparando para, según los dirigentes de turno, movilizar la industria bélica además de promover la obligatoriedad del servicio militar allí donde no existía o restablecerlo sin pérdida de tiempo. Aquí en España supongo que la solución pasaría por reclutar a los jóvenes ‘mileniales’, y a los componentes de la ‘generación Z’ como “invitados” a degustar los placeres de una guerra inventada para satisfacer el ego de los magnates y de paso dar matarile al excedente humano, por cierto, especie en permanente fase de experimentos de todo tipo.
De todas formas el reclutamiento dejaría muchas dudas de éxito. A saber, los ‘mileniales’ primeros nativos del siglo XXI, se caracterizan por ser grandes desafiantes de las normas establecidas; de manera que ir a la guerra “pa ná” es tontería. Y qué decir de la ‘generación Z’, apasionados de las redes sociales, devoradores de toda la información que les llega de forma digital siendo incapaces de distinguir la realidad de la ficción. Por tener, tienen hasta su propio 'vocabulario' y además son abanderados de la diversidad y la globalización, por eso les veo incapaces de transferirse a ninguna otra dimensión que no sea la suya propia. Difícil pues que se presten a ir al matadero con el móvil en la mano como única arma de combate. A partir de ahí solo quedaríamos los jubilados, y los no contributivos que, por razones de imagen frente al adversario no daríamos el mejor percentil. Factor este muy importante para impresionar, sobre todo en el cuerpo a cuerpo.
Me importa un bledo lo que diga doña Úrsula o su peluquero. Por cierto, esta mujer no se despeina ni con la tramontana balear. Más que laca debe usar Loctite extrafuerte; pero mi cruzada es otra y por eso me niego al dictado de ir a la guerra por ‘huevos’, concepto que te hace morir por castigo, más que por tradición histórica. Hoy en día carecemos de valor guerrero por mucho que nos remuevan los adentros con ejemplos heroicos de nuestros bizarros antepasados de hace doscientos o trescientos años.
En fin, sin duda una guerra de locos, una más, en donde los cuerdos observan atónitos a través de las ventanas del manicomio. Llegados a este punto me declaro en rebeldía y me niego a ir a la guerra. Confieso que además soy muy inocente para estas cosas. Nunca sé quién es el enemigo.