No ha sido el escándalo del caso Koldo el motivo de la rendición total de Pedro Sánchez ante Puigdemont. Sino los 7 escaños que permitirán al presidente del Gobierno amarrar la poltrona. El líder del PSOE, no obstante, aprovechará su agónica victoria de la ley de amnistía para alardear de contar con una mayoría parlamentaria (la ilusoria “mayoría social”) que le va a permitir aprobar los presupuestos y seguir plácidamente en La Moncloa.
Como estaba cantado, la rendición de Pedro Sánchez ha sido total. Aseguró que no cambiaría una coma de la ley que fue tumbada por el rechazo de Junts y ha hecho todo lo contrario. Se ha plegado hasta la humillación a Puigdemont para modificar los artículos de la ley que van a avalar “la amnistía total” al incluir los delitos de terrorismo, malversación y traición. A partir de su inmediata entrada en vigor, el prófugo de Waterloo podrá volver a España como un héroe de la independencia, a pesar de huir cobardemente en el maletero de un coche abandonando a sus compañeros secesionistas cuando fracasó su golpe de Estado.
La indecencia política de Pedro Sánchez, sin embargo, no impedirá que Puigdemont vuelva a las andadas e intente consumar su golpe de Estado. Y nadie olvidará que el Gobierno está implicado en el más inmoral caso de corrupción de la democracia. El Congreso aprobará la ley de amnistía y, probablemente, los presupuestos. Pero el Gobierno no se zafará de los delitos cometidos por muchos de sus dirigentes durante la pandemia. Pedro Sánchez no “blindará” la legislatura. Porque el Tribunal Supremo y la Audiencia Nacional seguirán hurgando en la herida de la ley de amnistía. Y porque, en cada votación en el Parlamento, Puigdemont aprovechará sus 7 escaños de oro como si fuera la espada de Damocles sobre la cabeza del presidente del Gobierno. Aguantará más o menos en el poder. Lo único seguro es que Pedro Sánchez dejará la democracia española hecha jirones.