Opinión

El principio de todo

TRIBUNA

Fernando Muñoz | Jueves 07 de marzo de 2024

Francia convierte el aborto en derecho constitucional en el mismo momento en que se extiende sobre Europa la sombra sin matices de la guerra. La prensa dice, con burla lacerante, que Francia consagra el derecho al aborto. Es el atroz sentido del humor de una inteligencia demoníaca.

Una multa pintoresca penaliza a las grandes corporaciones de formación de la conciencia, pero muchedumbres volcadas sobre las pantallas dan la espalda con un mohín de malestar al tormentoso horizonte. La telecomunicación es la antítesis de la comunicación, pero contribuye a la ecualización de todos los cuerpos parlantes que avanza inexorable, morirán indiscernibles en un campo de batalla global que no distingue vanguardia y retaguardia.

Nuestra propia miseria es un fleco del abismo por el que se drena la última substancia humana. Mientras tanto se exige felicidad a toda costa. La Inteligencia Artificial que pretende emular a Tiziano o a Cervantes, es incapaz de producir rostros dolientes, pero se avecina un porvenir de llanto y rechinar de dientes.

Sobre nuestro país cae el desierto y la polvorienta nada, nos devorará la sed mañana, pero hoy vivimos en este lodazal menguante de consumo de masas, dilapidando el aire, la luz, el agua que serán pronto mercancías escasas. Pagaremos por el aliento que se nos escapa y el milagro de los dones se convertirá en la pesadilla de una escasez prefabricada.

Los maestros de la política no titubean ante las decisiones históricas: los restaurantes en España cerrarán a las horas dictadas, pero un entrañable calor les abriga cuando el mundo les golpea. Dicho con la turbia literatura de uno los símbolos del Estado, perdón: de nuestro estado. Desde luego, si salimos de ésta, tendremos materia para contar nuevas fábulas. La del cabestro y la rana, con su piara de gansos. Rana por princesa de blonda melena, cabestro por el Duce de la resignada muchedumbre o el gran Conducator de la piara de gansos que graznan mensajes de ánimo. España es ya un prado baldío y Europa un caserón desolado. Soñaremos fantásticos diálogos entre el rey de la manada y sus rosalindos ministros emperifollados, señores del gran parque de la muerte, magnates de un osario sin gloria.

¿Qué fue de lo que fuimos? Es la pregunta del ocaso, pero ahora es – como todas – una cuestión global. Llega la hora de la gran luna agónica. Llega la hora de rendir cuentas una vez más y esperar que amanezca. Acaso llegue a mañana una parte de nosotros, quizás se reanude el hilo frágil de la historia, pero no produce escándalo la sonrisa de los amos del presente, ninguna acusación turba su ánimo. No hay responsables, el individuo es irrelevante, nos enseñaron, pero son incontables las víctimas. Caídos por accidente, son el sacrificio que exige la historia.

Si es así, si es solamente que el curso impersonal de los días cobra su precio. ¿de dónde sale este malestar en el cuerpo? ¿por qué nos inunda el asco? ¿estaremos tomados por la metafísica que habíamos criticado? Deberíamos saber y mirar desde una distancia infinita el gran espectáculo de la vida y la muerte, mientras aguardamos turno para caer en el pozo.

¿Iremos de la nada a la nada, de la nada pesada a la nada ligera, del mundo de la luz al de las sombras? Quiero creer en una salida de esa sima, que atravesaremos hundiéndonos en un abismo glorioso. Nos encontraremos con una multitud incontable de almas sin rostro, la multitud de los que han sido excluidos de la luz del día por la asamblea francesa o por la rutina mortal del presente. Industria de la felicidad, tambores de guerra, muertos sin edad, señores de la tierra. Abracémonos todos en este lodazal de la historia que nos reúne, una vez más, a la sombra oscura del mundo. El espectáculo debería continuar, pero los actores están temblando de miedo en la hora final. Que caiga el telón y se rasgue ya la cortina de la realidad. Que se presente el viento limpio capaz de barrer los despojos, que sea – por fin – el principio de todo.