Opinión

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EN LA FRONTERA

Rafael Ortega | Sábado 09 de marzo de 2024

Estoy un poco harto, y creo que no soy el único, de aquellos que juegan a ser periodistas y a través de medios de información que los acogen, califican cualquier actuación política, económica, cultural, social y naturalmente religiosa, según sus preferencias personales, es decir lo que ellos quieren. Y ese querer personal les falla continuamente porque se olvidan de que no son ellos los que deciden y que, gracias a Dios, hay otros que eligen.

Esto ha sucedido antes de la última Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española, cuando estos pseudoperiodistas comenzaron a calificar a unos u otros prelados como conservadores, progresistas y amigos o enemigos del Papa. Todo ello para influir en los obispos que tenían que elegir al sucesor del arzobispo de Barcelona, cardenal Omella, como Presidente la CEE, quien ya en sus discurso inaugural de la citada Asamblea habló de comunión “que busquemos más el bien común, el bien de la Iglesia, que el bien particular, que el bien de cada diócesis”.

Así que los obispos eligieron, a mi entender, muy bien, colocando en la Presidencia al Arzobispo de Valladolid, Luís Argüello, y en la Vicepresidencia al arzobispo de Madrid, cardenal José Cobo, o lo que es lo mismo, una cúpula de la Iglesia española a los que algunos llaman ya “el Dúo Dinámico”, pues aúnan dos voces sensibles a lo que necesita la sociedad de nuestro país, osea el servicio de la Iglesia a los diferentes problemas, a los que hay que torear con naturales o con la mano derecha, pero nunca a porta gayola.

Y eso es lo que ha hecho los 78 asistentes con derecho a voto, que además han elegido a los seis miembros de la Comisión Ejecutiva, que es el Consejo de Ministros de la Conferencia Episcopal, y a los Presidentes de las diez Comisiones y las ocho Subcomisiones Episcopales así como al Presidente del Consejo Episcopal de Asuntos Jurídicos y de los tres miembros del Consejo Episcopal de Economía.

Algunos de estos pseudoinformadores se quedaron un poco perplejos, para ser suave en la calificación, cuando los nuevos Presidente y Vicepresidente, Argüello y Cobo, salieron a las puertas de la sede de la Conferencia Episcopal para reunirse con una representación de las víctimas de abusos sexuales y hablaron con ellos y les prometieron que estaban dispuestos a colaborar en todo lo necesario. Por eso, la Asamblea Plenaria ha aprobado los principios informadores del plan de reparación integral de víctimas de abusos sexuales en el ámbito eclesiástico del que emanarán las normas generales que se aplicarán en los casos de reparación. Lo ha presentado el Servicio de coordinación y asesoramiento de las oficinas para la protección de menores. El pasado mes de enero, la Comisión Permanente revisó el texto que ya incorporaba las observaciones de los obispos y las ideas recogidas en el Mensaje al Pueblo de Dios de la Plenaria. Ahora se incorporarán las indicaciones del Consejo Episcopal para Asuntos Jurídicos de la Conferencia Episcopal. Este plan de reparación integral está orientado a evitar que los casos de abusos a menores vuelvan a repetirse. A la vez que plantea cómo ofrecer a las víctimas una reparación integral y adecuada dando respuesta a la demanda que cada caso particular requiere. También, el director del Servicio de Asesoramiento a las Oficinas de Protección de menores, Monseñor Jesús Torrente, ha llevado a la Asamblea Plenaria el informe del trabajo realizado por las oficinas durante 2023. En este período se ha duplicado el número de personas que han recibido formación para la prevención de abusos nada más y nada menos que 250.000, entre ellas 180.000 niños y adolescentes, cerca de 30.000 profesores, 22.000 padres y madres, 8.000 sacerdotes y consagrados y 8.200 monitores y más de la mitad de los seminaristas españoles recibieron formación sobre esta cuestión.

Una reunión de los obispos españoles que ha sido muy fructífera. Prelados que actúan en comunión aunque puedan tener ciertas sensibilidades diferentes pero que nunca, espero, vayan más allá de anécdotas puntuales que son sacadas de contexto por esos pseudoperiodistas. Por eso, fuera tópicos.