Catarata. Madrid, 2023. 286 páginas. 20 €.
Por Alfredo Crespo Alcázar
En Somehow different. España vista desde Estados Unidos, Lorenzo Delgado Gómez-Escalonilla nos presenta una obra coral muy sugerente en la que el rigor científico se combina de forma acertada con una exposición dinámica. El objeto de estudio resulta de máxima pertinencia y actualidad: qué percepción existe y ha existido sobre España en Estados Unidos. Cabe señalar un elemento de partida: la imagen de nuestro país para los norteamericanos nunca ha sido estática, si bien esto último resulta compatible con afirmar que determinadas visiones patrocinadas por los estadounidenses estaban repletas de tópicos en muchas ocasiones interesados.
En efecto, tal fue el caso de la guerra del 98 en la que, a través de los medios de comunicación, en especial los controlados por magnates como Hearst y Pulitzer, se identificó a España con una nación que oprimía a los pueblos de América Latina. Este subjetivo análisis facilitó que Estados Unidos presentara la guerra como una misión humanitaria aunque no pudo ocultar el evidente darwinismo social que defendía la superioridad de la raza anglosajona. Al respecto, el rector de la Universidad de Wisconsin se manifestaba en los siguientes términos, mostrando un notable conocimiento de la historia: “¿Qué ha hecho España por la civilización? (…) Allí donde el español ha intentado gobernar ha demostrado una incapacidad sin parangón. Y la incapacidad y crueldad fueron tales que todas sus colonias y provincias se han esfumado” (p.29).
Este juicio tan erróneo como peyorativo poco a poco se fue erosionando, aunque no se perdió del todo. Así, más adelante Estados Unidos insistía en presentar a España como un paraíso para los nazis derrotados, insistiendo en su colaboración con las potencias del Eje y considerando que la dictadura de Franco significaba una anomalía en la Europa del momento. Sin embargo, en ningún momento se produjo la intervención militar norteamericana para provocar la caída del régimen, aunque Washington sí persiguió su asfixia diplomática, por ejemplo, vetando la entrada de nuestro país en la ONU.
Sin embargo, el inicio de la Guerra Fría marcó el desarrollo de unas relaciones interesadas en las que el anti-comunismo de Franco resultó determinante de cara a la readmisión de España en la comunidad internacional. Al respecto, como expone Lorenzo Delgado, “la cristalización de la Guerra Fría, el anticomunismo del régimen franquista y la posición geoestratégica que ocupaba España erosionaron el antagonismo de la potencia americana y, por extensión, la condena exterior” (p.194).
En este sentido, Estados Unidos trazó una jerarquía en sus metas, ocupando un lugar prioritario los asuntos militares y los comerciales, y en una posición más residual, la democratización. En efecto, los análisis tendían a arrojar el mismo resultado: el pueblo español, aunque rechazaba a Franco, temía más aún la posibilidad de una nueva guerra civil, mientras que la oposición al régimen se encontraba excesivamente dividida. Asimismo, entendía que la mejora de la situación económica de España resultaría fundamental para que asumiera un compromiso con la democracia, hipótesis que no se cumplió en su totalidad. Con todo ello, influir de manera colaborativa fue la estrategia seguida por las diferentes administraciones norteamericanas, aunque siempre poniendo el acento en el desarrollo de una Transición estable, en la cual la figura de Juan Carlos I pronto comenzó a ser muy bien valorada por las elites políticas norteamericanas.
En consecuencia, las dos naciones trazaron una alianza que llega a nuestros días, con momentos culminantes como el apoyo dado por el gobierno Aznar a la lucha contra el terrorismo global liderada por George Bush tras los atentados del 11-S de 2001. Con anterioridad, emergieron escenarios de incertidumbre, como el relevo de Franco al frente del poder, el antiamericanismo desatado con motivo de la guerra de Vietnam o la celebración del referendo sobre la OTAN durante el segundo gobierno de Felipe González.