El insólito caso de un hombre que recibió voluntariamente un total de 217 vacunas contra el nuevo coronavirus, que da lugar a Covid-19, se ha investigado minuciosamente por un equipo interdisciplinar de investigadores de dos universidades alemanas. El resultado es más que sorprendente: no han encontrado efectos secundarios en esta persona, que sigue haciendo una vida normal. En otras palabras: está sano.
Como se explica en este estudio que aparece en The Lancet Infectious Diseases, se trata de un hombre hipervacunado de 62 años que vive en la localidad alemana de Magdeburgo. Deliberadamente y sin que todavía se sepa el porqué, recibió 217 vacunas contra el SARS-CoV-2 en un período de 29 meses. Los científicos le identifican con las siglas HIM.
Los investigadores que han estudiado este caso y que trabajan en la Friedrich-Alexander-Universität Erlangen-Nürnberg (FAU) y en el hospital universitario del mismo campus, matizan que “la hipervacunación se produjo fuera del contexto de un estudio clínico y en contra de las recomendaciones nacionales de vacunación. El fiscal de Magdeburgo recopiló pruebas de 130 vacunas en un período de 9 meses y abrió una investigación de este caso con la acusación de fraude, pero no se presentaron cargos penales. Sólo 108 vacunas se registraron individualmente y en parte se superponen con el total de 130 vacunas confirmadas por el fiscal”.
Estos científicos conocieron el caso por informaciones periodísticas. Tras ardua labor, localizaron a este hombre con el propósito de investigar las consecuencias inmunológicas de la hipervacunación en esta situación única.
Como reconoce el doctor Kilian Schober, del Instituto Privatdozent de Microbiología y primer autor del estudio, tras localizar a HIM, le invitaron a someterse a diversas pruebas en el hospital universitario Erlangen.
El hipervacunado aceptó voluntariamente facilitar información médica, así como donar sangre y saliva. Durante el insólito calendario de hipervacunación, desde noviembre de 2019 a octubre de 2023, no experimentó ningún efecto secundario por la administración de los preparados.
En total han sido 62 los parámetros de química clínica de rutina que no muestran anomalías atribuibles a la hipervacunación frente a Covid-19. Y tampoco tenía signos de haber pasado una infección por el nuevo coronavirus, como concluyen pruebas de antígeno del SARS-CoV-2, las PCR y la serología de nucleocápside, repetidamente negativas.
Por regla general, las vacunas contienen partes del patógeno o una especie de plan de construcción que las células de la persona vacunada pueden utilizar para producir estos componentes patógenos. Gracias a estos antígenos, el sistema inmunológico aprende a reconocer el patógeno real en caso de una infección posterior. Entonces, puede reaccionar más rápida y enérgicamente. Pero, ¿qué sucede si el sistema inmunológico del cuerpo se expone con mucha frecuencia a un antígeno específico?
“Este puede ser el caso de una infección crónica como el VIH o la hepatitis B, que presenta brotes regulares. Hay indicios de que ciertos tipos de células inmunes, conocidas como células T, luego se fatigan, lo que les lleva a liberar menos sustancias mensajeras proinflamatorias”, subraya Schober.
Este y otros efectos, provocados por el hecho de que las células se acostumbran a los antígenos, pueden debilitar el sistema inmunológico y ya no es capaz de combatir el patógeno con tanta eficacia.
Sin embargo, en este trabajo, en el que también participaron investigadores de Múnich y Viena, no se ofrece ninguna indicación de que así sea. Schober asegura que “el individuo ha sido sometido a diversos análisis de sangre en los últimos años. Nos dio su permiso para evaluar los resultados de estos análisis. En algunos casos, las muestras estaban congeladas y las investigamos nosotros. También pudimos tomar muestras de sangre cuando el hombre recibió otra vacuna contra Covid-19 durante el estudio por su propia insistencia. Utilizamos estas muestras para determinar exactamente cómo reacciona el sistema inmunológico al preparado”.
Los resultados mostraron que el individuo tiene una gran cantidad de células T efectoras contra el SARS-CoV-2, que actúan como los propios soldados del cuerpo que luchan contra el virus. La persona sometida a la prueba incluso tenía más de estas en comparación con el grupo de control de personas que recibieron tres vacunas.
Los investigadores no percibieron fatiga en estas células efectoras y fueron igualmente tan eficaces como las del grupo de control que había recibido el número normal de vacunas.
Las células T de memoria son otro aspecto que exploraron los investigadores. Se trata de células en una fase preliminar, antes que las efectoras. Al igual que las células madre, estas pueden reponer una cantidad de células efectoras adecuadas.
Katharina Kocher, miembro del equipo, afirma que “el número de células de memoria era tan alto en nuestro caso de prueba como en el grupo de control. En general, no encontramos ningún indicio de una respuesta inmune más débil, sino todo lo contrario. Además, incluso la vacuna número 217 que recibió el hombre durante el estudio tuvo efecto. Como resultado, la cantidad de anticuerpos contra el SARS-CoV-2 aumentó significativamente”.
Otras pruebas indicaron que no hubo cambios en la eficacia del sistema inmunológico contra otros patógenos. Por lo tanto, parece que la hipervacunación no ha dañado el sistema inmunológico como tal. “Nuestro caso de prueba se vacunó con un total de ocho vacunas diferentes, incluidos distintos preparados de ARNm disponibles. La observación de que a pesar de esta extraordinaria hipervacunación no se produjeron efectos secundarios notables indica que los medicamentos tienen un buen grado de tolerabilidad”, opina el doctor Kilian Schober.
Sin embargo, este es un caso individual. Los resultados no son suficientes para sacar conclusiones de gran alcance y mucho menos hacer recomendaciones para el público en general. En este sentido, insiste en que “las investigaciones actuales indican que una vacunación de tres dosis, junto con otras complementarias periódicas para los grupos vulnerables, sigue siendo el enfoque preferido. No hay indicios de que se necesiten más vacunas”.
El estudio termina con esta frase textual de los autores: “Es importante destacar que no respaldamos la hipervacunación como estrategia para mejorar la inmunidad adaptativa”.