Jesús Cacho, que suele escribir largos y reveladores artículos en su periódico digital Vozpópuli, se refiere a la “rendición total y sin condiciones” de Pedro Sánchez ante el prófugo golpista Carlos Puigdemont. “El Estado en manos de quienes atentaron contra él desde el 2014 y antes”, escribe el prestigioso periodista, al que habrá que reconocerle, si no se quiere perder la objetividad, mesura, razones sólidas, argumentación certera.
Sobre el texto, tal vez definitivo, de la nueva ley de Amnistía, asegura el periodista que “rebrota el perdón de los delincuentes nada menos que hasta el año 2011”, lo que significa que desde entonces jueces y magistrados prevaricaron al condenar a los cómplices de Puigdemont por unos delitos que no cometieron.
Burlada la dignidad de España, zarandeado el Estado de Derecho, devastada la democracia pluralista, Pedro Sánchez ha hecho del do ut des su principal arma política: “Yo te otorgo la amnistía, tú me entregas tus siete escaños para que la investidura pueda ir adelante”. El escándalo Koldo ha encendido además la situación porque la corrupción, no sólo la económica, lo amenaza todo. Jesús Cacho reproduce un párrafo del discurso de Javier Milei, al abrir el curso parlamentario argentino: “Nos hemos encontrado un Estado convertido en una organización criminal diseñada para que en cada permiso, en cada regulación, en cada trámite y en cada operación haya una coima para el político de turno. Este esquema putrefacto está extendido a todos los poderes del Estado y en todos sus niveles, sustentado por medios de comunicación que viven de la pauta oficial y formadores de opinión ensobrados que miran para el otro lado o que eligen cuidadosamente a quién acusar y a quién no. Sustentado también por empresarios prebendarios que apoyan este modelo porque el retorno de pagar una coima es más tentador que el desafío de competir en el mercado (…) Es decir, un sistema corrupto que ha generado cientos de millones de dólares de retorno que terminan en el bolsillo de los políticos, un sistema en absoluta bancarrota moral e intrínsecamente injusto. Un sistema que sólo puede generar pobres y a costa de ellos produce una casta privilegiada que vive como si fueran Monarcas…”.
La inestabilidad de una política disparatada se ha acentuado de tal forma en España que nadie apuesta seriamente por la continuidad de la legislatura. Salvo Pedro Sánchez, rendido a los pies de Puigdemont, de los quince partidos de Sumar y de los cuatro independentistas y dispuesto a conceder a costa del Estado todo lo necesario para permanecer en su poltrona monclovita. Nadie puede negarle al presidente del Gobierno habilidad y tenacidad para permanecer en el poder y por eso no me atrevo a hacer pronósticos. Llueve ya sobre mojado en Moncloa, pero él aspira a continuar otros tres años y medio. No convocará elecciones y sólo una moción de censura podría desmontarlo.