Traducción de Manuel Cuesta. Alianza. Madrid, 2023. 592 páginas. 28,50 €. Libro electrónico: 18,99 €. Con 32 páginas de fotografías a color, muchas de ellas inéditas.
Por Carlos Abella
Nicolas Sarkozy (París, 1955) es sin duda el más relevante presidente de la República francesa de los ultimos años. Licenciado por la Universidad de Nanterre, en París, y con estudios en el prestigioso Institut d'Études Politiques de París, Sarkozy comenzó su carrera política a los 22 años, cuando fue elegido concejal del elegante distrito parisino Neuilly-sur-Seine, de donde llegó a ser alcalde. Y pese a estos antecedentes, su proyección pública, su actitud personal y social le ha alejado -afortunadamente en mi opinión- de los distantes, distinguidos y con aires de superioridad de otros dirigentes franceses. Sarkozy, por el contrario, ha dejado en su paso por la política francesa un aire algo “canalla”, “sencillo” sin renunciar a la inevitable pátina de los galones y la categoría que llevan aparejada la responsabilidad de la presidencia de la República francesa.
En mayo de 2007, Nicolas Sarkozy fue elegido presidente de la República francesa por los próximos cinco años, y en este libro ofrece con sinceridad y amenidad, los retos a los que su país, la Unión Europa, y el mundo se enfrentaban y siguen enfrentándose en esos años. Su mandato -como toda obra humana y política- tiene momentos de brillantez y otros menos gratos, pero sin duda hay dos episodios que destaco y que son complementarios: su alianza con la líder germana Ángela Merkel, con la que supo liderar los desafíos de la Unión Europea, y en el plano personal su matrimonio con la delicada cantante Carla Bruni, que ha contribuido con creces a que la proyección social y pública de Sarkozy tenga otros ingredientes que le han hecho accesible y cercano a otros escenarios.
En su prólogo ya advierte al lector “que hay que mantenerse firme para no caer en esa trampa de una nostalgia feliz, que es capaz de distorsionar rápidamente todas las perspectivas, oscureciendo el presente y embelleciendo el pasado”. Y por ello, admite. “He querido tomar al lector de la mano, hacerle vivir mis años en el Elíseo como si hubiese estado a mi lado a lo largo de todos aquellos acontecimientos”.
Obviamente, en esta recensión quiero hacerme eco de las referencias a España, y los temas de coincidencia con la política española, empezando por un reconocimiento que le honra, y que le ha distinguido de sus antecesores, y es el tema de su colaboración como ministro del Interior en la lucha contra ETA y en este punto, Nicolas Sarkozy reconoce en las páginas 109-110-111, de estas “memorias”: “Nunca he comprendido nuestra postura tradicional de complacencia pasiva hacia los terroristas de ETA, a quienes dejábamos utilizar nuestro territorio como una base de repliegue en toda regla lo que suponía un perjuicio enorme para las autoridades españolas, que protestaban”. Y continúa: “Esa fue la política de Giscard d’ Estaing, Francois Mitterrand, y Jacques Chirac. Yo le puse punto final sin contemplaciones en 20002 cuando fui nombrado ministro del Interior... esa actitud era injusta, inapropiada y lamentable”
Son, sin duda, estas páginas las que mayor interés despiertan al lector español que se complementan con los elogios que hace a España, y a la Corona española, admitiendo: “Nunca he comprendido, ni aceptado, esa especie de condescendencia que a menudo he observado en nuestras élites respecto a la península Ibérica", explica Sarkozy, que por contra sostiene que España “tendría que ser un socio, un aliado, un amigo de primerísima línea”. Sarkozy elogia a la Corona española, a los líderes políticos españoles, sobre todo a Aznar, al que define como “locuaz, carismático y explosivo”.
Relevante es también su testimonio de la visita oficial que él y su esposa Carla Bruni realizaron a España en abril 2009 y en la que admite se estableció en determinados medios de comunicación “una “competición” entre la esposa del príncipe heredero Felipe de Borbón -Letizia Ortiz- y Carla. “Se trataba- reconoce- de saber cuál de las dos mujeres sería la más elegante, la más carismática; cuál quedaría, a fin de cuentas, por encima de la otra. Aquello era algo un poco obtuso y bastante machista. La prensa española dedicó al asunto todas sus portadas. No importaba nada más que la apariencia, cuando lo cierto es que ambas habrían tenido no poco que decir en términos de visión e inteligencia. A esas alturas, ninguna de las dos necesitaba acreditar su vivacidad mental”- admite con ironía Sarkozy.
Hay pasajes del libro que nos permiten entender los grandes retos de la política mundial, vistos desde la privilegiada posición de un presidente de la República francesa que se sienta con Barack Obama y se enfrenta para rechazar su interés en la integración de Turquía en la Union Europea, que se mantiene firme con su alianza con Alemania, que es capaz de mantener la ilusión de los miles de franceses que viven en los muy alejados territorios franceses del Caribe, el Índico, y que admite en la página 28 “que no voté al candidato de mi propio partido republicano, porque no se puede dejar Francia en manos de diletantes”.
Sobre los principales temas de la actualidad política, Sarkozy cree que para parar la guerra en Ucrania es preciso hablar cara a cara con Putin y que Ucrania no debe integrarse en la OTAN, y que “palestinos e israelíes están condenando a vivir, los unos al lado de los otros y por mucho tiempo, por lo que la única perspectiva que queda es la reconciliación. Es solo cuestión de tiempo. Ellos son los únicos que deben y pueden hacer las paces”. Sarkozy desgrana algunos mensajes como líder mundial sobre problemas de nuestro mundo; por ejemplo: "La política solo es legítima si se ve con altura de miras, a lo grande, no a lo pequeño, si se lidera con pasión y con una visión” y subraya que “lo más importante en política es tener fuertes convicciones y flexibilidad”. También advierte que Occidente se está “quedando atrás” frente al empuje de Oriente y que hay que “modernizar y reestructurar” las instituciones internacionales, como la ONU, que, a su juicio, “ha quedado obsoleta por reflejar el mundo del finales de la II Guerra Mundial y no el actual”.
Para concluir, sugiero al lector que se deleite con las páginas en las que Sarkozy relata los días de placer disfrutados por invitación del rey de Marruecos, Mohamed VI, en Marrakech, donde elogia la inteligencia del monarca, su habilidad política y diplomática, su firmeza a la hora de defender los intereses de su país y la belleza del cielo del desierto y sus amaneceres.