La Esfera de los Libros. Madrid, 2023. 595 páginas. 27,90 €
Por Teresa Sánchez González
En Los orígenes intelectuales del Tercer Reich. Historia de una crisis ideológica, el historiador George L. Mosse presenta un libro necesario y pertinente para repensar y reformular nuestro conocimiento sobre la base ideológica y cultural en la que se basó el pensamiento del nacionalsocialismo y, por ende, el del movimiento nazi en Alemania. La obra hace un extenso repaso en una de las ideologías en las que se fundamentó Hitler para sostener su régimen autoritario y seducir a millones de alemanes tras la Primera Guerra Mundial: el pensamiento völkisch.
De este modo, Mosse parte de la idea de cómo el pensamiento völkisch fue, en última instancia, una parte fundamental del nacionalismo alemán que se había visto alimentado por la derrota de la Gran Guerra, los términos draconianos de la paz impuestos a Alemania y la inestabilidad de la República de Weimar (pág. 28). Para el autor, su principal intención a la hora de escribir esta obra, no fue, como han sostenido muchos autores, plantear la idea de que Alemania «fue el origen de todos los males, desde Lutero hasta Hitler, ni dar crédito alguno a la idea de que el Holocausto fue una catástrofe alemana que iba a ocurrir tarde o temprano» (pág. 30). Se dedica a estudiar un aspecto de la historia alemana que triunfó por unas características muy concretas, esto es, una serie de crisis sociales, económicas y políticas, y que al final llegó al poder esta ideología «por el error de juicio de los políticos y la indudable destreza política de Hitler» (pág. 30).
La obra hace un extenso y profundo repaso de lo que significaron los ideales völkisch desde sus inicios hasta su materialización en el Tercer Reich y cómo esta concepción sobre la cosmovisión del mundo determinó las ideas de Hitler y, por extensión, las del nacionalsocialismo que él inspiró. De este modo, el libro no hace sino intentar responder a una pregunta, que no por repetida, pierde importancia: por qué millones de personas respondieron a la llamada völkisch y a todo lo que ello significaba.
El concepto Völk, que tanto se repite en la obra y que concentra parte de este pensamiento, tiene un significado tan amplio como intangible. Su definición no puede reducirse solamente a la palabra «pueblo», sino que trasciende por su esencia, una esencia a la que se le puede llamar «naturaleza», «cosmos» o «mito», pero entendida como parte de lo más íntimo del hombre y conectado con sus sentimientos, su individualidad y su unión con los demás miembros del Völk. Ante lo complejo y quizás a veces ambiguo del concepto, hay una imagen que recoge la obra que la convierte en un elemento metafórico más cercano y visual: la imagen del árbol para simbolizar la fortaleza del campesino del Völk, con sus raíces hundidas en el pasado mientras su copa se extiende hacia el cosmos y su espíritu (pág. 71).
Así, mientras nos adentramos cada vez más en la obra, podemos apreciar cómo el antisemitismo sobrevuela de una manera tangencial sobre toda ella, hasta llegar a un punto en el que el autor va desgranando, pormenorizadamente, su vínculo y explicación dentro de la ideología völkisch, para la que fue un elemento fundamental. De este modo, se identificó y cosificó al enemigo, es decir, a los judíos. Usando una imagen völkisch recurrente: «Una serpiente royó las raíces del árbol de la raza, y atrofió su crecimiento espontáneo y natural. La serpiente era el judío, el obstáculo para la materialización del Völk. Sería barrido mediante el terror y el asesinato de masas durante la época nazi» (pág. 201).
Para el autor, la gran divergencia entre el fascismo alemán y los demás fascismos refleja la diferencia entre el pensamiento germano y el de los otros países de la Europa occidental. De este modo, para Mosse, fue a través de la ideología völkisch como Alemania acabó repudiando un legado europeo que seguía vivo en todas las demás partes: el del racionalismo de la Ilustración y el radicalismo social de la Revolución Francesa (pág. 448).
La historia del Tercer Reich y de cómo Alemania acabó destruyéndose a sí misma sigue despertando interés y enormes pasiones. Se continúan buscando explicaciones y se sigue analizando por qué y cómo una infamia tal pudo producirse. Seguramente, además de esto, nos toca recordarlo. Porque, como dijo Elie Wiesel, «olvidar a los muertos sería como matarlos por segunda vez».