Pedro Sánchez acusa al PP de antipatriota por unas supuestas irregularidades fiscales del novio de Díaz Ayuso, mientras amnistía a Puigdemont y compañía por malversación, terrorismo y traición. Un patriota que intenta ocultar los tejemanejes de su mujer, Begoña Gómez, filtrando a los medios afines la declaración de impuestos de la pareja de la presidenta de la Comunidad de Madrid. Un patriota que acusa de corrupción al PP mientras medio Gobierno aparece apestado por la corrupción de las mascarillas y que lanza a su fiscal general del Estado y a su ministra de Hacienda a saltarse la ley para que aireen conversaciones y declaraciones de un ciudadano anónimo.
La actitud de Pedro Sánchez recuerda a la de Putin que acaba de volver a ganar las elecciones después de encarcelar, cuando no asesinar, a sus opositores. El presidente español no ha recurrido a la violencia física, pero de sus palabras se desprende un odio letal. Quiere destruir al PP por ser el único partido que amenaza su poder. Y lo hace ilegalmente al vulnerar la intimidad personal de los españoles. Y lo hace cobardemente. Pues teme ser arrollado en las urnas.
Resulta vergonzoso y hasta sarcástico que Pedro Sánchez dé lecciones de patriotismo en Cataluña, donde acude contrito a pactar con los golpistas para seguir en el poder. Que obedece ciegamente a los que quieren destruir España a cambio de mantenerse en La Moncloa. Que el presidente del Gobierno presuma de patriotismo es un insulto a la inteligencia. Y a la verdad.