Opinión

Bienvenidos a la farsa

TRIBUNA

Juan José Vijuesca | Miércoles 20 de marzo de 2024

Bienvenidos a la farsa

Hoy en día los bobos ocupan el lugar de las antiguas plañideras, pero en versión jocosa. Ya saben, aquellas mujeres que acompañaban a una viuda con llanto contratado, pero supongo poco provechoso para el difunto. A día de hoy, y por culpa del progresismo, este puesto de trabajo lo desempeñan los simples de turno para reír las burlas de sus reclutadores.

Tanto los simples bobos de base como los de encargo, son los figurantes que están al servicio del Gran Maestro a cambio de aplaudirle, reír las gracias de la jerarquía, insultar a terceros por orden de los organizadores del consorcio y además gargajeando maldiciones para cosecha de votos. Eso sí, como premio un puñado de altramuces que a decir de los especialistas en ira necia son buenos para la cosa del tracto intestinal, que no para el intelecto.

En política actual, sobre todo en la española, está de moda soslayar las propias culpas a base de endosar al contrario cualquier cosa que sirva para desviar atenciones. Juego maléfico sin duda, pero claro, las manadas de los simples con sus histriónicas risas hacen ruido en la calle, en los medios de comunicación y redes sociales al por mayor. Les aseguro que estas risas, tan impostadas como chocarreras, son muy parecidas a la del macaco de Berbería, también conocido como mono de Gibraltar. Esta teoría está debidamente contrastada por autoridades en la materia. Puede resultar poco afortunada la comparación, pero los adjuntos al servicio del comité revolucionario, según fuentes, manifiestan similar gozo cuando comen altramuces escuchando La Internacional.

Con un gobierno tan risueño como el nuestro dan ganas de lanzar pétalos de flores cada vez que nos invitan al circo romano en donde se dirimen odios y pulsiones incontrolables. Y como en todo buen espectáculo dos extremos bien definidos dirimen en contiendas. De un lado la estupidez humana al servicio del poder omnímodo. Del otro, la verdad que habla con la gramática entendible. En tan desigual duelo los bobos de encargo jalean, ríen y reverencian al Gran Maestro y a su séquito de necios superlativos mientras el justo no para en su empeño de dar lecciones de lealtad, libertad, y honestidad, porque lo contrario, es decir, la corrupción cuando se hace y se niega también se queda como asignatura obligatoria para sucesivas generaciones.

Más volviendo al desatino de la gobernanza en donde lo correcto es lo inverso y a pesar de ello hay quienes se jactan y además declaman que el verdadero patriotismo es pagar impuestos, según Pedro Sánchez: “Le digo a la derecha que menos lecciones de patriotismo y más cumplir con la patria pagando impuestos" Y las alusiones se rocían con esa tinta de calamar para el formateo de la bobería que ríe y se regodea de las ‘travesuras’ de sus propios.

En este orden de cosas, traídas del discurso de don Pedro, henchido de gozo por lo contrapuesto al sentido común, defiende medidas como los indultos y la recién aprobada ley de amnistía como instrumentos para la “normalización política y la convivencia”. Una memez en toda regla teniendo en cuenta que la parte díscola del acuerdo ha anunciado lo de la autodeterminación inmediata como objetivo estrella para separarse de España.

A partir de ahí cualquiera en su sano juicio entenderá que deja de ser delito en este país dar un golpe de Estado o malversar fondos públicos. Hay algo que no cuadra en todo esto y lo digo no porque me mueva interés alguno en practicar golpismo, carezco de tiempo por mi afición en dar de comer a las oropéndolas del Retiro y eso para mí es sagrado. No digamos de la malversación, que aunque sabido es que goza de la total impunidad merced a la generosidad de don Pedro, confieso que soy patriota desde que nací, aunque eso esté tipificado como ser facha; pero no olvidemos que en este país desde que nacemos en buena sintonía con las exigencias tributarias de Hacienda, resulta que si lo ganas estás obligado al IRPF; si lo gastas, es el IVA; si lo ahorras, es el Patrimonio; si lo inviertes, es la Plusvalía; si lo regalas, es Donaciones; si te mueres, es Sucesiones; mientras que si te rascas la parte orgásmica, es Subvención.

Para la ocasión me asocio con el decir del ilustre don Francisco de Quevedo: “Los que te parecen rostros son máscaras; no te detengas en lo que ves, sospecha en lo que puede esconderte".