No, no voy a darles la vara con el típico artículo de mediados de marzo reivindicando la poesía y diciéndoles que poesía son ustedes también, queridos lectores de EL IMPARCIAL. El bueno de Bécquer sigue siendo un poeta copiado, es más, hace una semana alguien intentó colarme como propio uno de los poemas más míticos de sus Rimas, pero, anécdotas aparte, el grueso de la población identifica a los poetas con el bueno de Gustavo Adolfo y con Espronceda. Y ya. Y eso si hay suerte y pasaron por la EGB, ya que si no el panorama es bastante desolador en líneas generales.
Bien, reconozcámoslo. Hay muchos poetas pesados. La égloga parece ser trendy de nuevo. Otros hablan de sí mismos y ya. Otros te cuentan una película que te importa muy poco; recuerdo a uno con pose rapsoda recitando histriónicamente acerca una escena concreta de una película independiente. Muy bien, pero si la hubiéramos visto todos quizás comprendiéramos el poema. Otros siguen con el ripio, otros cortan la prosa en versos y otros directamente no tienen talento y son el cliente fácil de las editoriales de autoedición del tipo Poesíareyou.
A veces se confunde a los poetas con intelectuales. Se les pregunta por cuestiones políticas o vitales sin pensar que, en el fondo, son un humano más del montón, con suerte con un pelín más de ojo y sensibilidad. Para ser poeta, parece ser, no hace falta nada más que escribir poesía o pensar que pronto se va a escribir, porque, reconozcámoslo, sentarse y darle a la cabeza da pereza y cansa y encima se suele escribir en casa y si escribo me pierdo ir a tomar el vermú.
A los poetas los queremos solo esta semana, la del día de la poesía. Si pueden venir a hacer bulto mejor, que así cumplimos. Si van rápido recitando casi también mejor, que así acabamos antes. También chatGPT se hace sus buenas rimas, está a una actualización de que una de las grandes editoriales de poesía españolas, y pienso en una en concreto, pueda ficharle.
Los poetas, teóricamente, deben ser subversivos, pero eso también cansa. Hay riadas de ellos y de ellas siguiendo el camino fácil, la corriente de los que mandan. Reivindicando lo evidente y viviendo de forma incongruente. Un brazo poético para todos, todas y todes pero cuando acaba el poema para ti no, cheugy. Un buen poeta escribe desde su cama a la una de la tarde. La noche es de los bohemios, ¿cuándo se vio a un poeta por la mañana levantando a España?, porque, por si no lo saben, posiblemente en este país con los dedos de las manos y de los pies me sobren para contar a aquellos vates que viven de su poesía. Con los de una mano a aquellos que únicamente viven de su poesía y ahí también me sobran dedos. La poesía es el gran postureo, eso si hay suerte. También es la gran desaparecida de las ferias del libro, de la librería de El Corte Inglés y de, en general, el día a día si no estás a mitad de marzo.
Pienso que ser poeta es mucho más que todo esto. Hay que retorcer el lenguaje hasta que sangre. El poeta es necesario para transmitir emociones, para imaginar sangre de pato bajo las multiplicaciones. El poeta es necesario para que los niños lean poesía. Para que aprendamos a captar ese momento en la parada del autobús en el que comienza a llover. Ese instante único en el que el tren con el ser querido parte. Para recordar el día en el que corté por primera vez un cordón umbilical. Para traducir las imágenes de la vida en palabras. El poeta nace sin saber que es poeta y crece si tiene una ventana en su habitación que mira al oeste. Un poeta se hace grande con una libreta y un lápiz. El poeta dedica el verano a escribir poesía, como Umbral. Un poeta se hace muy muy grande cuando termina su primera libreta y llega al otoño cantando. Lo demás con cosas del mercado, nada que ver con la poesía.
Un poeta tiene que pasar o haber pasado hambre. Tiene que haber llorado desolado por amor y que al llegar a casa le pregunten qué le pasa y diga nada y vaya a su cuarto a escribir sobre esa angustia. Un poeta tiene que inspirar a otros que son poetas y no lo saben; y sobre todo, que no lo esperan, porque trescientos sesenta y cuatro días al año no es veintiuno de marzo y ya saben, si no es el día de la poesía qué más da que estuviéramos toda la tarde recorriendo cielos y subiendo escaleras transparentes en busca de estrellas errantes, si los poetas no sirven de nada, si de los poetas no se acuerda nadie.