Desde hace mucho tiempo venimos leyendo y oyendo una gran cantidad de términos y expresiones pronunciados por un buen número (excesivo) de miembros de nuestra clase política, que resultan tan desagradables como incluso bochornosos, y que vienen a descalificar el nivel de modales mínimamente exigible a nuestros representantes políticos, nombrados y mantenidos económicamente por los ciudadanos, y que preferiríamos se condujesen con un talante lingüístico y expresivo más acorde con los niveles de educación, diálogo y tolerancia exigibles a nuestros representantes y mandatarios.
Nos vamos a permitir a tal efecto enumerar un conjunto de términos recopilados y recogidos en distintas fuentes tales como medios de comunicación escritos, radiofónicos, televisivos, en redes sociales, e incluso en Diarios de sesiones parlamentarias (Congreso, Senado o parlamentos autonómicos), y ello con un doble objetivo: Formular una cierta radiografía o panorama terminológico en clave de vulgaridad dialéctica utilizada por una parte de nuestros políticos (en activo o retirados), y normalmente con fines ofensivos o descalificadores de los adversarios. Y también, por otra parte, con el objetivo de que algunos de los que hayan pronunciado esas palabras se vean a sí mismos retratados y recordados en estas expresiones, y quizá decidan así moderarse y evitar volver a utilizarlas, al menos en público, con lo cual los ciudadanos y la sociedad algo podríamos ganar en cuanto a ruido lingüístico en los foros políticos e institucionales.
Hemos de aclarar, por otra parte, que hemos desechado en nuestra selección diversos términos demasiado altisonantes (incluso obscenos) para repetirlos en estas líneas, así como diversas frases o expresiones poco edificantes (aunque algunas con un tono sarcástico, incluso humorístico), pero que al ser bastante conocidas y adscribibles a la persona que los pronunció, podríamos incurrir en un señalamiento personal (que podría tomarse como partidista), y que tratamos de evitar en un texto neutral como éste, que conlleva un tono crítico igualmente repartible entre unas u otras formaciones políticas.
Vamos a recoger a continuación una amplia serie de términos, todos ellos con un cierto nivel de vulgaridad (unos más que otros), y que trataremos de ordenar con un criterio objetivo, como puede ser el orden alfabético.
Así, si comenzamos con la letra A, podemos mencionar tres términos (que no son de los más agudos o ineducados), como pueden ser: Abominable, Autoritario, y Arrogante, frecuentemente utilizados por miembros de unos u otros partidos para calificar a sus adversarios. Con la letra B, tenemos otros tres términos algo más altisonantes que los anteriores: Barriobajero, Botarate (frecuentemente utilizado sin justificación sustantiva), así como Buitre, normalmente utilizado en debates o enfrentamientos del ámbito socioeconómico. La letra C es de las más cargadas por número de entradas terminológicas, pudiendo mencionarse así: Caciquil, Cantamañanas, Caradura, Cínico, Cretino, Conseguidor (normalmente inherente a alguna trama delictiva), o Corrupto (este último uno de los términos estrella y de los más repetidos en unos y otros ámbitos políticos). Por otra parte, y si consideramos como tal a la letra Ch, vemos que es una de las más densas en cuanto a intensidad ofensiva; a este respecto podemos mencionar los términos: Charlatán, Chorizo (muy utilizado desde hace bastantes años), o Chupóptero.
La letra D, aun siendo una letra aparentemente minoritaria, sin embargo sirve de inicio de unas cuantas descalificaciones que se han venido dedicando en estos últimos años algunos de nuestros políticos. Véase: Demagogo, Descerebrado (no hemos resistido el poder recogerla), Deshonesto, Desleal, Despótico, y Dictador; un buen lote de calificativos. En la letra E recogemos tres términos también bastante socorridos: Embustero, Energúmeno, y Extremista. Y son cinco los términos que comienzan con: F: Fanático, Fariseo, Farsante, Fascista y Felpudo (este último utilizado frecuentemente en plural). La letra G describe dos términos algo fuertes y muy coloquiales: Golfo, y Granuja. Con la H, mencionamos otros dos términos. Hampón (no demasiado utilizado), e Hipócrita (desde luego de uso más frecuente). Llegamos a la L, que bate el récord de entradas en este glosario, nada menos que ocho, a saber: Imbécil, Impresentable, Incompetente, Inepto, Infame, Inmoral, Insoportable e Irresponsable; todo un abanico de adjetivos ejemplarizantes. Con la J solo tenemos anotado uno, aunque bastante repetido en algunos debates: Jeta.
Con la letra L tenemos algunos términos figurativos, como Lacayo, otros más explícitos, como Ladrón, otro que está en el límite de la inclusión en este artículo: Lameculos, y alguno que en comparación con los anteriores se puede considerar como fino: Lerdo. La M es otra de las letras más prolífica en este contexto; podemos mencionar así: Mafioso, Majadero, Mamarracho, Manipulador, Mentiroso y Miserable (otro conjunto realmente variado de descalificaciones). La N aparece como una letra discreta en este glosario, con tres términos: Necio, Nefasto, y Nepotista. Algo similar ocurre con la O, con los términos: Obtuso y Oportunista. La P, en cambio, contiene una mayor variedad, con seis términos: Papanatas, Payaso, Palmero (normalmente utilizado en plural), Pelele (éste con alguna similitud de contenidos con Palmero), Pirado (expresión poco edificante), y Prepotente.
La R, por su parte, contiene tres términos bastante diferenciales: Repugnante, Ridículo, y Ruin. También son variados los tres términos incluidos en la S: Sátrapa, sin duda menos utilizado que Sinvergüenza, y Soberbio. Llegados a la T, y por tanto próximos al final de este Glosario, tenemos los términos: Tirano, Títere (con similitudes con Pelele y Palmero), Tonto del culo (en el límite de la admisión en este texto, y que dice bastante poco de quien lo ha pronunciado), Traidor, y Tramposo, dos términos clásicos en la dialéctica descalificadora política. En la U, solo incluimos el término Ultra, que puede ir solo o acompañado de aquel extremo (de uno u otro tipo) al que se refiere. Llegamos a la V con tres nuevos términos: Vendido, Vergonzoso, y Vil, también de corte clásico en los debates deficitarios de educación. Finalmente, concluimos este glosario con la última letra del abecedario, la Z, que incluye dos términos no demasiado utilizados, pero que recogemos aquí para completar este Cuadro de honor: Zafio, y Zopenco (éste usado en algún debate municipal).
Solo reseñar finalmente que nos hemos guardado otros términos tan vulgares o más que los expuestos, y pronunciados obscenamente por algunos de nuestros representantes. En todo caso, creemos que con esta Muestra semántica hemos recogido una imagen bastante crítica de la verborrea poco edificante de algunos de nuestros políticos en muy diversas instituciones y en distintos momentos del tiempo, lo que no ha ayudado demasiado a disminuir la actual desafección ciudadana. Obviamente hemos de recordar que la mayor parte de nuestros políticos (faltaría más) se han conducido en los medios y en los debates y apariciones públicas con el nivel de corrección y educación exigible a la clase política de un país desarrollado como el nuestro. No obstante, esperemos que las numerosas expresiones que hemos puesto de manifiesto en este artículo puedan tener alguna utilidad en aras de una disminución de las mismas en el futuro, que es lo que esperamos desde hace mucho tiempo los ciudadanos.