Sigo a Elena Sánchez desde que empezó. A lo largo de muchos años, y en todos los puestos en que ha trabajado, esta periodista ha demostrado su calidad. Ha conseguido el reconocimiento general y sus éxitos son incontables. Es sagaz, inteligente, culta, trabajadora y sencilla. Ni la petulancia ni el desdén anidan en ella. Es una de las grandes profesionales que el periodismo español ha producido en el último medio siglo.
RTVE se despeñaba a punto de ser superada incluso por la Sexta y la Cuatro hasta quedar relegada a un quinto puesto. Elena Sánchez ha hecho una admirable gestión, ha reverdecido los éxitos de la televisión pública y la ha situado en segundo lugar. Y creciendo.
No voy a entrar en cuestiones ideológicas. Elena Sánchez tiene todo el derecho a pensar lo que le plazca. Y se podrá coincidir con ella, o de ella se podrá discrepar. Pero la objetividad exige reconocer su calidad profesional y el excelente trabajo que ha realizado en Televisión Española. Quienes pueden hacerlo han decidido prescindir de ella y se manejan teorías en el entorno de Pedro Sánchez. No vale la pena considerar las argumentaciones esgrimidas. Profesionalmente constituye un error desplazar a Elena Sánchez de un puesto en el que ha demostrado aciertos de gestión y decisión.
Antes de que los leñadores de la política cutre empiecen a hacer leña del árbol caído quiero dejar constancia con estas líneas del reconocimiento que merece su labor al frente de RTVE, así como de los éxitos que ha acumulado. No seré yo el que contribuya con el silencio o la indiferencia a que Elena Sánchez no reciba el aplauso que se merece por la gestión con que ha robustecido a una televisión decadente.