Sería conveniente convertir el palacio de la Carrera de San Jerónimo en un nuevo corral de comedias como aquellos del Siglo de Oro, salvando las distancias entre la intelectualidad de entonces y la privación de conocimientos que atesoran nuestros personajes públicos. De estos y no de aquellos vengo a referirme y no por halagos precisamente, sino más bien por el vulgarismo verdulero que atesoran sus señorías cada vez que actúan en el Congreso.
Son tantas las extravagancias, las hipérboles, exabruptos y disparates sobre el hemiciclo que no hay desdichado o desdichada que se libre de los chistes y las pullas cuando no del vituperio. Gritan como ordinarios con cencerro, y de esta afirmación, no distingo género, que para el caso es igual el sexo, su origen y sus remedos. Los que nos representan en el Congreso no reparan en desatinos, de tal manera que cuando no desafían, insultan o hacen añicos ciertos pasajes de nuestra historia. Es lo que viene a conocerse como histriones de la ignorancia y la mala crianza. No son todos, claro está, pero sí los más sobresalientes en su papel de actores principales. Y todo esto es fruto de los nuevos hervores de conducta tabernaria de baja estofa y peor juicio.
El esperpento que se representa, a veces en doble sesión para castigo divino, no es vinculante ni con el buen juicio, claridad y proporción de la lengua española cuyas propiedades y elegancia han de ser culto a la pureza del entendimiento, aunque solo sea a través de la palabra bien ajustada al conocimiento de la misma. Parece ser tarea imposible entre sus señorías que prefieren utilizar la punción del griterío y la tarascada como antesala del insulto, que es la pieza más codiciada por los cazadores de la estupidez.
Lo peor es que a través de su propia grosería ellos y ellas ríen a destajo, más no es gracia de jovialidad, sino maldad de irritación vengadora. Como decía Valle-Inclán: “Hacen del humor esa espada de dos filos que lo mismo mata a los hombres que a las instituciones” O sea, una gracia que convierte a los actores en polichinelas tanto al servicio de lo perverso como de la bellaquería.
Una cosa es el debate jocoso y otra comportarse como gentes de moco suelto. Señorías que enarbolan formas sin guardarlas, no hacen otra que crear escuelas de seguimiento, pues del ejemplo de los de arriba viene la virtud de copiar por los de abajo. Y en ello estamos los que pagamos a sus señorías sus salarios y canonjías, que no sabemos bien de qué gozo recrearnos, sí del que uno es facha por decreto o también lo eres por aquello de ser español y de España de nacimiento. Cuando algunos parlamentarios, por cierto, necesitados de estropajo en boca sueltan los exabruptos, esputos y otras cuestiones de ásperos entendimientos que atentan al buen gusto de la comedia, no cabe otra que dejar bien claro que la risa ennoblecida es cosa bien diferente. Recordar a sus señorías que el excusado está para hacer uso en la suelta de bilis, mala baba, así como la expulsión de otros nudos de los adentros, no en vano las letrinas o mingitorios, instalados en el Congreso, también están para el servicio de aliviadero para casos extremos. La Cámara, el hemiciclo y los escaños son parte del decorado y si los representantes públicos gustan de jugar al desprecio allá ellos, pero no con nuestro dinero.
Ahora piden que el Congreso deje de llamarse “de los Diputados” para ser inclusivo de género y eliminar las expresiones sexistas. Pues cámbiese si por igualdad se requiere, faltaría más. Ahora bien, permitan sugerencias al ciudadano que a la postre somos los paganos. Tal vez “Congreso de los desahogados” o “Congreso de los mal hablados” que a día de hoy estaría a la altura de ellos y ellas, repito, no de todos y todas, más bien para cuantos y cuantas humedecen sus lenguas en salsa con extracto de chile habanero.
Y puesto que estamos de buena sátira y mejor cabreo, les invito a uno de esos epigramas para que sirva de ejemplo. Me otorgo esta autoría como tributo en prosa que a modo de repaso dedico como elegía por ser el momento y día. Lo que falta y sobra en España: “Faltan probos Regidores/ faltan tribunos de buen oficio/ falta respeto a quienes saben y sobra favoritismo./Falta verdad y mejor trato/faltan licenciados doctores/falta un gobierno barato y sobran muchos gorrones./Falta de la patria amantes/falta lealtad y compromisos/faltan virtudes morales y sobran los separatismos/Falta tenerlos bien puestos/falta dejar de ver la Constitución desde la barrera/falta saltar al ruedo y sobran quienes se limpian con nuestra bandera./Faltan ayudas asistenciales, y mejores pensiones/falta protección al ciudadano y sobran instituciones./ Falta que sus señorías renuncien a tantos sueldos, dietas y heredades/falta una ley integral que castigue las maldades/Falta educar en las aulas/falta justicia bien impartida y sobran sentencias de improcedentes acatos/ En fin, falta lo necesario y sobran los mentecatos”
Amén.