Amigos, yo de esto se mucho. O debería saber.
No os voy a dar, aquí, la tabarra, analizando el paulatino deterioro de las facultades físicas y/o mentales que encaminan a la vejez, a la que se llega, no se sabe cuando, pues su alcance no se puede medir por los años, ni por el número o profundidad de las arrugas.
Mi propósito es “echar un vistazo”, en vuelo rasante, a tres momentos, que no tienen por que ser coincidentes en el tiempo. a) Los demás consideran viejo a otro. b) Se es viejo objetívamente y c) Uno se considera viejo, a si mismo.
Tratándose de la opinión de los demás es fácil. Cuando una persona oiga que dicen de ella, “te veo muy bien”, ya sabe que, lo que, realmente están pensando es “¿que haces, por aquí, todavia?”. Es una invitación “bienintencionada” a ir haciendo el equipaje.
En cuanto al momento en que alguien es viejo, objetivamente, es decir, evidente y sin discusión, para todos y para él, me temo que no existe. Es un parecer, una opinión subjetiva. La definición misma de viejo, lo deja, todavía, mas impreciso: De edad avanzada.
Lo que creo que, verdadéramente, tiene interés, es fijar y analizar, si se puede, el momento en el que uno mismo se considera, ya, un viejo; que no tiene, ya, sentido, para él, esforzarse en seguir haciendo lo mismo que hacía y mucho menos cambiar de actividad o aprender otra nueva. Se que es un difícil empeño fijar ese momento. Y no digamos analizar por que y cuando se llega a él.
Recientemente, he escrito un articulo pretendiendo contestar a la pregunta de si la vida tiene sentido. Mi contestación era que la vida tiene sentido si uno mismo se lo da, si busca un itinerario original, para su peripecia vital, basando sus planes, actuaciones y objetivos en sus propios análisis y decisiones. Lo que yo llamo “sacar lo mejor de uno mismo”.
Tambien me sirve el que le da sentido siguiendo, por voluntad propia, las normas o indicaciones que otro le aporta. Incluso algunos luchan por dar ese sentido original a la vida, que la justifique, a base de marcar pequeñas diferencias con los demás, aunque sea en cosas coyunturales.
Consecuente con la idea que apunto, de dar sentido a la propia vida, para mi, se entra en la vejez cuando se abdica de esa pretensión, cuando se llega al convencimiento profundo e inapelable de que uno se va a morir y por consiguiente, se piensa que todo lo que se haga a partir de ahí ya no tiene importancia, ni sentido y se puede dejar de hacer, abandonándose a la corriente vital de sobrevivir, plegándose a los vaivenes del azar.
Y no me parece una boutade la opinión de que haya, en la vida de cada uno, un momento en que se piensa y se acata lo irremediable de su propia muerte e introduce este hecho como un acontecimiento que marca el fundamento de sus actos o planes de futuro o de dejar de hacerlos. Ahí está precísamente, creo yo, la raya de la vejez.
De aquí se deduce que, para unos, la vejez puede llegar muy pronto, si se abdica, pronto, de darle un sentido propio a su vida. Otros pueden ser siempre viejos si no consiguen encontrarle, nuca, ningún sentido. Y algunos privilegiados no encuentran, nunca, la raya de la vejez. Es la bendita insensatez, de algunos, pocos, que no tienen tiempo para pensar que van a morir.
Lo que me queda por decir, aparte de un millón de cosas mas, es la intuición clara y chocante, que tengo, de que nadie, aun satisfecho con el transcurso de su vida, desearía repetirla.