Cultura

Corrida del Domingo de Resurrección en Las Ventas: la afición se impone al frío

(Foto: Efe).

TOROS

Inés Montano | Lunes 01 de abril de 2024

La lluvia dio tregua este domingo de Resurrección unas horas antes de comenzar el festejo. A falta de agua, el frío y el viento se adueñaron del coso venteño. No obstante, el público llenó un tercio de la plaza para presenciar la confirmación del diestro portugués Manuel Dias Gomes. Los toros de Pedraza de Yeltes, toros muy bien presentados, armados y astifinos. Salían con alegría y no rehuían la pelea. Repetidores y celosos, con un punto de listeza para entrampillar a los diestros. Había unos ejemplares de majestuosa belleza. Ángel Otero se destacó no solamente en brega sino también ante la falta decisión de sus compañeros. Además, recibió una gran ovación por parear al primero de la tarde. Aurelio Cruz toreó muy bien a caballo. La ovación fue atronadora, igual que las silbas a sus colegas. Cruz llamó a su contrario, ajustó los terrenos y puso tres varas al toro que acudía desde el mismo centro del redondel. Una gran obra.

Manuel Dias Gomes tiene el toreo afinado, limpio y preciso. Sabe mover el engaño en la cara del toro sin dejarlo enganchar. Su primero, Alambisco (1º 10/19) de 630 kilos, es decir, un toro y medio de los que pisaban a la misma hora la Real Maestranza, tuvo velocidad, celo y pujanza. El toro mostró su genio destrozando la muleta, pero Dias Gomes ya había dibujado unos pases afiligranados por ambas manos. La ejecución de la estocada fue impecable, pero el hierro quedó en un sitio mejorable. El pupilo de Carmen Valiente, el sobrero sustituto a Dulcetto (5º 10/19), fue manso y gazapón. Dulcetto salió rematando, igual que sus compañeros de camada, pero los sobrepasó en el empuje y se estrelló contra las tablas. Humorista (5°bis 12/18) requirió todos los recursos del torero y del artista para lograr una media docena de pases superiores. Protestaba el engaño, calamocheaba sin parar. Todo se acabó con una estocada muy corta, bien puesta. Tardó en descabellar.

Román se quedó con el único premio de la tarde. Y aún éste trofeo tardó en concederse tanto que la oreja se cortaba al toro ya enganchado a las mulillas. ¡C´est la vie! El presidente quiso ejercer su función. Buscadero (2º 11/19), una guapeza de bicho, algo afligido después de los puyazos, recibió la faena que requería. Pocas veces veremos un ajuste tan perfecto del torero a la condición de su enemigo. Román le citó tres veces de lejos y tres veces el toro acudió desde el otro lado del redondel y se dejó llevar por la mano baja del diestro. Series de tres pases a ambas manos, rematadas por las bernardinas ceñidas y una estocada hasta las cinchas. Resistente (4º 10/19), otro bicho de 628k, fue muy complicado. La faena tuvo pases de buen trazo, pero el morlaco desconfiaba y complicó mucho el último tercio ya que se defendía nada más ver la mano alzada con la espada. Dos avisos y un desastre con el descabello.

Francisco de Manuel y Miralto (3º 11/19) no hicieron un buen tándem. Y no por culpa del toro, un animal sin malicia, pero tampoco amalvado, sino por la mano destemplada que sólo se limitó a seguir el ritmo de las aceleradas embestidas. La faena precisaba mucho atempero. Como suele pasar en estos casos, se lió a mantazos. Niños. G (6º 1/20), sí, sí, llevaba este nombre. Quizá por seguir la moda inaugurada por un artista que gusta de llamarse C. Tangana. Pues, Niños G fue un toro destacado. Tomo la vara tres veces, con ciertas reservas, es decir, sin afanar mucho por arremeter al caballo. Mas estos atisbos de mansedumbre fueron superados: el toro se creció y la faena de Francisco de Manuel también. Ahormado por doblones, el animal y el hombre se enfrentaron en un metro del terreno. Sin enmendarse. El animal seguía la muleta silueteando círculos alrededor de la alfeñicada figura del matador. Los desaciertos con el hierro no lograron borrar el grato recuerdo.

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