Gracias a la ayuda del diputado radical Marco Pannella pude visitar al profesor Verdiglione, que realizaba una huelga del hambre en la prisión de Milán.
En su celda y en su presencia me dirigí al director de la cárcel que me acompañó desde el primer momento.
- Le ruego que trasmita al Ministro de Justicia ese requerimiento:
El estupor y ¿hasta el pánico? embargaron al funcionario (¿ En que lío nos va a meter este españolito?)
- "El profesor a mi parecer está a punto de morir por inanición. Su muerte sería una pérdida irreparable para sus amigos y para la Cultura universal".
Repetí la demanda a la puerta del presidio ante los periodistas. Al día siguiente Verdiglone fue liberado. ¡Qué increíble sorpresa!
Salinas había escrito:
No era nada, era una rosa
haciendo feliz a un tallo.