Permitidme que, antes de entrar en las ideas que quiero exponeros, os muestre algunos datos que ayudarán a comprenderlas.
SUPERFICIE DE ALGUNOS PAÍSES (MILLONES DE KMS)
EEUU: 9.833
Rusia: 17.000
China: 9.596
UE: 4.233
P.I.B. (MILLONES DE DÓLARES)
EEUU: 26.949.643
Rusia: 1.862.000
China: 17.700.899
UE: 16.641.391
ESPAÑA: 1.582.000
P.I.B./HABITANTE (MILES DE DÓLARES)
EEUU: 75.180
Rusia: 14.665
China: 14.340
UE: 40.990
NUMERO DE HABITANTES (MILLONES)
EEUU: 331,9
Rusia: 143,4
China: 1.412
UE: 448,4
El análisis de estos datos nos dice que, actualmente, Rusia es un país enorme, casi el doble, en extensión, que EE.UU y China, con menos de la mitad de habitantes que EE.UU. y la décima parte que China y con un PIB, un poder económico, la décima parte que China y catorce veces menor que EE.UU. ¡Un poco mayor que el español!.
Esta irrelevancia económica, de Rusia, creo que deja claro que su pretensión de jugar un papel de potencia hegemónica, en la actualidad mundial, es absurda. Su falso protagonismo está basado, únicamente, en que mantiene el diálogo, con los otros, con la pistola nuclear desenfundada. Su capacidad real la pone en evidencia el hecho de llevar dos años de guerra convencional con Ucrania, una minipotencia, sin conseguir sus objetivos.
El problema es que al frente de Rusia hay un hombre que no acepta, que no puede asumir, que Rusia sea una potencia irrelevante que, incluso, acabe llamando a la puerta de la U.E. y de la OTAN, para ser uno más…
La “gloriosa” historia de Rusia ha sido una continua duda entre aceptar los valores occidentales o ensimismarse en los propios.
Y la estructura social ha sido, siempre, la misma, sea cual sea su régimen político; un mando despótico, una aristocracia, de sangre, de dinero o de poder,
sin freno y la masa del pueblo, estabulado, en un régimen de semiesclavitud y carne de cañón, a veces en sentido literal, en las guerras de defensa o conquista. Los dos últimos vaivenes son bien conocidos. Un siglo XIX plagado de personajes brillantísimos, a la cabeza de Europa, en calidad e innovación, escritores, músicos, pintores, etc… y científicos de primera magnitud, desembocó en la masa amorfa del régimen comunista sovietico, mas despótico que nunca, con un instinto territorial insaciable y que aplastó a esa avanzadilla puntera de su intelectualidad, en su afán de fabricar el hombre masa, acabando, incluso físicamente, con toda diferencia.
El segundo lo estamos viviendo. Cuando el sistema sovietico se desmorona, por su inviabilidad, hay, en Rusia, un intento de integrarse en el orden occidental, pero:
-La incapacidad de sus dirigentes.
-La enorme dificultad de adaptar estructuras sociales medievales al mundo occidental.
-La ceguera de los mandatarios de EE.UU., que no han tenido paciencia ni interés en ayudar a esta adaptación, sino que han visto la oportunidad de dar la puntilla al enemigo.
Ha provocado que Rusia, como un caracol que choca con un cuerpo extraño, se refugie, de nuevo, en su caparazón.
Y en esta coyuntura surge el Zar Putin, que no puede asimilar que el papel de primera potencia de Rusia se desvaneció y pretende obstinada y ciegamente devolverle el nivel de potencia hegemónica.
Como hecho puntual desencadenante de la vuelta atrás de Rusia, hay que señalar su participación en el grupo G8, en el que Putin no podía sentirse a gusto porque es un foro económico en el que Rusia tenía una importancia irrelevante y así se lo hacían saber sus socios.
En 2014, Rusia elige otro camino y en un intento de poner freno al avance de la OTAN hacia sus fronteras, se anexiona Crimea. Es marginada del G8 y emprende la invasión de Ucrania, en un camino de vuelta atrás que no sabemos como acabará.
Pero, amigo Wladimiro. Ni siquiera tu arsenal nuclear puede volver el tiempo hacia atrás. La Historia es un río. Si no, que nos pregunten a nosotros los españoles.