Opinión

Maradona, sociología y política

Rosendo Fraga | Domingo 09 de noviembre de 2008
El fútbol como fenómeno social, cultural, económico y hasta político no está aislado de un país ni de una sociedad.

Por el contrario, suele ser una manifestación, aunque no mecánica, de los valores, usos y costumbres de un determinado momento histórico.

En este marco, la posibilidad que los hijos de Julio Grondona lo sucedan en el control de la poderosa AFA -la Asociación del Fútbol Argentino-, que es una entidad decisiva en un país para el cual el fútbol no sólo es el deporte más popular y el que mueve más dinero, sino en los hechos también un instrumento fundamental de su proyección hacia el exterior, adquiere relevancia.

Grondona lleva 29 años en el poder, exactamente el mismo plazo que duró el liderazgo político de Perón (1945-1974).

El líder y fundador del peronismo estableció como matriz de comportamiento en la cultura política el factor de la familia compartiendo el poder. Primero fue la vitalidad y la entrega de Evita y después la frustración de Isabelita. Por esta razón, la familia compartiendo el poder es un fenómeno muy vigente en la política argentina, como lo muestra el caso del ex presidente Kirchner, quien eligió a su esposa como sucesora y dejó a su hermana a cargo del poderoso Ministerio de Salud y Acción Social, reteniendo él las riendas del poder real.

La llegada de Maradona a la Dirección Técnica de la Selección Nacional se inscribe también dentro de la particular cultura y sociología de la sociedad argentina.

La renuncia de Basile, su predecesor, ya presentó interesantes analogías con el análisis del poder, la lucha por el mismo y la sociología.

Como procedimiento, la salida del técnico de la Selección se asemejó a la de un funcionario importante, como puede ser el jefe de Gabinete.

La renuncia es precedida de versiones que son desmentidas, los voceros o personas de confianza niegan y a último momento confirman. Antes que con los medios, se habla con quien tiene las riendas del poder real -en este caso Julio Grondona- y finalmente se hace pública la renuncia.

Como sucede cuando queda vacante una posición muy importante en la política, se precipita en forma inmediata una feroz lucha por el poder. En este caso, hasta Bianchi -el que estaba primero en los sondeos- y el mismo Maradona salieron a participar de la misma, mientras los nombres se multiplicaban y los intereses se movían rápidamente para imponer sus propios candidatos.

Los actores políticos y sociales -en este caso jugadores, dirigentes, intereses, hinchas, simpatizantes, etc.-, salen a hacer campaña por sus candidatos y los medios de comunicación se transforman en el gran teatro de operaciones de la batalla, que tiene como objetivo influir en la decisión de quien designa.

Pero los parecidos con la política no terminan en la forma o mecánica de salida y reemplazo.

También se da en cuanto al éxito o fracaso.

En política se suele decir que las estrategias se miden por sus resultados, más allá de sus calidades o sofisticación. El éxito o el resultado terminan por justificarlas o no.

En este caso, es el fracaso el que precipita la ida de Basile, dados los bajos resultados de la Selección Argentina al obtener sólo 16 puntos sobre 30 en el campeonato que jugó la Selección.

En política como en el deporte, la sociedad suele ser implacable con los perdedores. En la Argentina perder el poder puede implicar terminar en un juicio público, como sucede hoy con Menem. Con un mejor resultado de la Selección no hubiera habido renuncia de Basile.

La opinión pública, que normalmente pide éxitos en política y economía, también los pide en el deporte.

Hay dos cuestiones esenciales que asemejan a la política y en este caso el fútbol: las dos son actividades humanas y, en ambas, un limitado grupo de personas debe lograr la aprobación de las masas.

En este marco llega Maradona a la Dirección de la Selección. Lo hace por la decisión del mencionado Julio Grondona y sus hijos, entrelazados a su vez con hijos y yernos de Maradona. Muy al estilo peronista en cuanto a la confusión entre poder y familia.

¿Es lógico designar a alguien que ha dado muestras claras de desequilibrio emocional al frente de la Selección Nacional de fútbol?

Personalmente, y sin ser un entendido en este deporte, pienso que no.

Pero como analista político siempre digo que la primera regla para la política argentina es que no siempre ocurre lo lógico y la segunda que con demasiada frecuencia ocurre lo improbable.

Desde el ángulo de mi deformación profesional, creo que la llegada de Maradona a la Selección se asemeja al retorno de Perón en 1973.

En un país reconcertado se recurre al mito y la ilusión, poniendo en él la solución de los fracasos y frustraciones. El fundador del peronismo fue entonces una apuesta al todo o nada, como lo es hoy Maradona en la Selección.

Sólo esperemos que la frustración de la tercera presidencia de Perón no tenga un correlato en el de Maradona con su tercer mundial de fútbol, competición de la cual ahora participa no como jugador sino como director técnico.

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