Los partidarios del prófugo Carlos Puigdemont aseguran que el golpista ha lanzado un órdago sobre el tapete de España: si no es investido presidente de la Generalidad abandonará la política activa. El “O César o nada” es una vieja fórmula que se remonta a la Roma de los césares y los emperadores. Julio César la esgrimió a su manera ante su rival Pompeyo. Puigdemont piensa que es tan imprescindible para la política catalana que mujeres y hombres de aquella Autonomía se lo pensarán dos veces ante la tragedia de que Cataluña pierda a su César en las próximas elecciones. Así es que el órdago, reiteradamente, expuesto, ha quedado claro.
¿Pero se trata de verdad de un órdago o de un farol? Si el prófugo pierde las elecciones, los que le necesitan encontrarán seguramente fórmulas con el fin de que permanezca. Hay cien argumentos para anular el órdago y que se quede en un descarnado farol. Puigdemont lo sabe y por eso ha jugado sus cartas con apariencia de valor y decisión. Son muchos lo que piensan que no abandonará la política aunque pierda, sobre todo si la ley de Amnistía, por él redactada con la ayuda de Pedro Sánchez, supera los obstáculos españoles y europeos, y le garantiza que no someterá su cuerpo gentil a la prisión, el juicio, la condena, la cárcel y el posterior indulto.
He preguntado a varios amigos catalanes sobre el alcance del órdago o el farol lanzado por el prófugo golpista. Ninguno ha sabido contestarme con claridad. Algunos afirman que su retirada de la política si no gana es una posición audaz. En estos momentos favorece al prófugo. Pero los electores reaccionan a veces de forma inesperada. Y tal vez no sean pocos los que estén dispuestos a darle con las papeletas en la cabeza. Nadie se muestra capaz de desbrozar el resultado de las urnas. Las encuestan están presididas por la incertidumbre. En todo caso ahí queda esa pregunta: Carlos Puigdemont ¿ha lanzado un órdago o se ha tirado un farol?