AL AIRE LIBRE

EL MADRID CONTRA EL RACISMO Y LA XENOFOBIA: 7 JUGADORES NEGROS Y 10 EXTRANJEROS EN EL EQUIPO

Luis María ANSON | Jueves 11 de abril de 2024
Algunos expertos en política deportiva se temen que, con relación al Mundial de Fútbol, estén circulando...

Algunos expertos en política deportiva se temen que, con relación al Mundial de Fútbol, estén circulando suculentas cantidades de dinero para autorizar unos estadios y prohibir otros. Parece ser que no se descarta esa circunstancia en el quehacer del fútbol mundial. Pero amenazar al Estadio Bernabéu, el mejor del mundo, de apartarlo del Mundial si no se anuncian medidas contra el racismo, clama al cielo.

En el gran partido que el Real Madrid jugó contra el Manchester City el pasado martes, el equipo blanco salió al campo, entre atronadoras ovaciones de los espectadores, con unos jugadores que cercenaban de raíz cualquier acusación de racismo o de xenofobia.

De los once futbolistas titulares con que el Madrid se enfrentó al equipo británico, siete eran negros. ¡Siete! Tres defensas, un medio y tres delanteros. Los partidarios del Real Madrid y el público en general asumen esa realidad desde la más completa normalidad. Aún más, en el once titular, el Real Madrid sólo alineó a un jugador español. Los diez restantes eran extranjeros. El presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, el hombre que ha construido el mejor estadio del mundo y que ha superado de lejos a Santiago Bernabéu en la presidencia del club, tiene un bien ganado prestigio de liberal.

Cuando un equipo salta al césped de su estadio, entre clamorosas ovaciones, con solo un jugador nacional y con siete negros en la alineación, hay que ser radicalmente tendencioso para amenazar, como ha hecho la FIFA, de vetar al Bernabéu si no hay medidas contra el racismo.

La realidad quedó clara sobre el campo. Ni racismo ni xenofobia. El mejor equipo del mundo exhibe en su cuadro de jugadores una realidad incontestable. Y sus aficionados, que le aplauden sin fisuras, también.

Conviene, en fin, decir todo esto y después callar porque no es necesario demostrar la evidencia. Todo está claro, nítidamente claro, y la FIFA debe tomar buena nota de esa realidad si no quiere que se escudriñen en ella posibles explicaciones del sectarismo amenazante de algunos de sus directivos.