Durante años, ha estado solicitado permanentemente por la FDA de Estados Unidos para que, en los estudios de ACTG, diera su opinión con el fin de valorar datos relacionados, fundamentalmente, con las enfermedades oportunistas en pacientes infectados por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), que origina sida. Con un brillante porvenir en Minnesota, siendo la mano derecha del profesor Balfour, tomó la decisión -por cuestiones personales- de regresar a España. (Algunos creímos que volvería a nuestro país pisando una mullida alfombra roja. Lamentablemente, no fue así, por la incompetencia de algunos, el egoísmo de otros, el arribismo de no pocos y la frivolidad de los más).
Ahora, el doctor Alejo Erice Calvo-Sotelo, un referente en el área de las enfermedades infecciosas dentro y fuera de España -en la actualidad, dirige el Departamento de Medicina Interna del hospital universitario Asepeyo, en Madrid-, ha llevado a cabo, junto con su equipo, un interesante estudio con vacunas para el SARS-CoV-2, que da lugar a Covid-19, que ha merecido la portada de Vaccines.
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-En el estudio, que se llevó a cabo entre enero de 2021 y abril de 2023, participaron 268 trabajadores del hospital que habían recibido dos dosis de la vacuna BNT162b2 de Pfizer, entre enero y marzo de 2021. Durante el estudio, se tomaron muestras de sangre de los participantes en ocho ocasiones: al mes y medio, a los 3, 7, 9 13, 16, 19 y 26 meses después de esas dos primeras dosis de la vacuna. La colaboración a lo largo del estudio se mantuvo por encima de 200 participantes en todas las extracciones de sangre, excepto en la última extracción a los 26 meses, en la que intervinieron 166 personas (62%).
-No tuvimos posibilidad de elección; todas las vacunas que se administraron a los participantes en el estudio fueron las asignadas por la Comunidad de Madrid en cada momento. Todos los participantes recibieron dos dosis de la vacuna BNT162b2 de Pfizer al principio del estudio; a los 9 meses, 248 (93%) recibieron una dosis de la vacuna mRNA-1273 de Moderna; por último, 93 (35%) participantes recibieron la vacuna BNT162b2 bivalente adaptada a Ómicron de Pfizer entre 16 y 26 meses después de la vacuna inicial.
-Antes de hablar de conclusiones es necesario describir brevemente el estudio. Analizamos la evolución de la respuesta de anticuerpos y la inmunidad celular tras las vacunas frente al Covid-19. Para ello, medimos los anticuerpos frente a la espícula del SARS-CoV-2 (anticuerpos anti-RBD), así como los anticuerpos frente a la nucleocápside del virus; estos últimos nos permitieron identificar las infecciones asintomáticas que habían ocurrido a lo largo del estudio. Para la respuesta inmune celular se determinó la presencia de linfocitos T específicos frente al SARS-CoV-2.
(Los resultados se muestran en la gráfica de arriba). La curva de color granate corresponde a los participantes naïve, es decir, aquellos que no habían tenido Covid-19 antes de comenzar el estudio; la curva de color verde corresponde a los participantes que sí habían tenido Covid-19 antes de empezar el estudio. En ambos grupos, los niveles de anticuerpos anti-RBD disminuyeron progresivamente durante los 9 meses siguientes a la administración de las dos primeras dosis de la vacuna BNT162b2 de Pfizer. Posteriormente, los niveles de anticuerpos anti-RBD aumentaron significativamente tras la administración de la vacuna mRNA-1273 de Moderna, pero volvieron a disminuir a partir del 16º mes hasta el final del seguimiento.
Durante los primeros nueve meses del seguimiento, las personas que habían tenido Covid-19 antes del inicio del estudio (curva verde) tenían niveles de anticuerpos anti-RBD significativamente más altos que los de los participantes que no se habían infectado previamente. Sin embargo, a partir del 9º mes, los anticuerpos anti-RBD en ese grupo disminuyeron y se mantuvieron por debajo de los niveles de los participantes no infectados previamente.
La curva azul representa las infecciones por SARS-CoV-2 que ocurrieron durante el estudio. Estas aumentaron de forma significativa durante los últimos meses, coincidiendo con la aparición de la variante Ómicron y con la disminución de los niveles de anticuerpos anti-RBD. Es importante destacar que el 99% de las infecciones fueron leves, que la mitad fueron asintomáticas y que la frecuencia de infección/reinfección entre las personas que habían recibido la vacuna BNT162b2 bivalente adaptada a Ómicron fue muy similar a la frecuencia entre las que no la habían recibido.
Con respecto a la inmunidad celular frente al SARS-CoV-2, 184 (97%) participantes en el estudio tenían una respuesta detectable a los 16 meses; al cabo de 26 meses, 154 (93%) mantenían esa respuesta inmune.
-A mi modo de ver, el estudio ha sido posible debido a la coincidencia de varias circunstancias. Por un lado, la Consejería de Sanidad asignó al hospital la administración de vacunas frente a Covid-19 a sus trabajadores. Esa circunstancia nos brindó la oportunidad de realizar un seguimiento de las personas vacunadas para analizar la respuesta inmune frente al SARS-CoV-2, como consecuencia de la vacunación, de la que en ese momento se sabía muy poco.
Por otro lado, el entusiasmo y la experiencia de Cristina Caballero, responsable del laboratorio del hospital y coautora del artículo, hicieron fácil y posible la incorporación de la metodología necesaria para la investigación y garantizaron la fiabilidad de los
resultados. Para el análisis riguroso de los datos, contamos con la colaboración de Lola Prieto, de la Unidad de apoyo a la investigación de la Universidad Francisco de Vitoria, también coautora del artículo.
Además, el proyecto tuvo, desde el principio, el apoyo de la gerencia y la dirección de enfermería así como la colaboración del equipo de supervisión y el personal de enfermería de las distintas áreas del hospital para llevar a cabo las extracciones de
sangre. También se contó con la participación de los técnicos del laboratorio para el análisis de las muestras, la implicación de los participantes en el estudio y la ayuda económica de un donante privado. Todos esos elementos fueron esenciales para
garantizar la viabilidad y el éxito del proyecto. Finalmente, debo admitir que mi pasado como virólogo clínico y mi interés por aprender sobre un virus poco conocido influyeron sin duda en impulsar el estudio.
-Los resultados de este estudio permiten extraer las conclusiones siguientes:
-Es una situación anómala ya que un varón de 62 años recibió 217 dosis de diferentes vacunas (ARNm y no ARNm) durante un periodo de 29 meses; durante ese periodo, el paciente no se infectó. Los autores de la carta publicada en Lancet Infectious Diseases analizaron la respuesta de anticuerpos antiespícula y diversos aspectos de la respuesta celular inmune en muestras obtenidas del paciente a partir del día 189, después de que recibiese la dosis de vacuna nº 214. Los autores analizaron también la respuesta inmune en un grupo control de 29 personas, 189 días después de que hubieran recibido tres dosis de vacuna frente al SARS-CoV-2. Si entiendo bien los resultados, prácticamente no se observaron diferencias significativas entre la respuesta inmune en ambos grupos. Desde mi punto de vista, el que la respuesta de anticuerpos tras 214 dosis de vacunas frente al virus sea similar a la que observada tras tres dosis de vacuna puede indicar cierto grado de agotamiento de la inmunidad humoral. Sin embargo, la inmunidad celular se mantiene pese a la repetida y excesiva exposición a antígenos del virus. Está por ver si esta sobreexposición del sistema inmune tiene consecuencias a más largo plazo.
-Es la pregunta del millón. No sé si tres dosis de vacuna son suficientes ya que hay que ver hacia dónde transcurre la incidencia de infección por SARS-CoV-2, cómo son las características de las nuevas variantes del virus y cuáles son las manifestaciones clínicas de las infecciones por las nuevas variantes. En este sentido, es importante señalar que, independientemente de las dosis recibidas anteriormente, la población general debería recibir una dosis de vacuna actualizada frente a Ómicron. De esta manera, aparte de prevenirse casos de Covid-19 grave, disminuirían las infecciones por SARS-CoV-2 y sus posibles consecuencias (como long Covid) y se protegería a la población más vulnerable. En cualquier caso, es fundamental mantenerse alerta frente a un virus que, desde su aparición hace ya más de cuatro años, siempre nos ha llevado la delantera.