Roca Rey se hizo esperar para vérselas con los Victorinos. Como mínimo, desde su precipitada no aparición con este hierro en septiembre del año pasado en Valladolid hasta hoy en Sevilla. Este torero puede llamarse popular, un torero-influencer, un torero bohemío, un torero de mucho tirón entre los jóvenes, pero ¡una figura! Una figura cuajada del toreo que se enfrenta por primera vez en su carrera con los “victorinos” es una contradicción en los términos. ¿Acaso ya tiene contratado algunas tardes con miuras, o los Cuadri o con lo Murteira? No. Por primera vez en Sevilla salió de su cómodo puesto, su zona de confort, del encaste Domecq descastado y del tradicional trío con Manzanares y Talavante.
Sus faenas de esta tarde se puede resumir en pocas palabras: indecisas, afectadas, movidas. Es un maestro en llenar los tiempos muertos con gesticulación desorbitada. Y en esto queda su actuación para que no me llamen una reventadora, como ya es costumbre entre los críticos de llamar a cualquiera que se atreve a protestar contra las mañas del figurón.
Lo colosal, lo extraordinario y admirable sucedió en el ruedo gracias a Manuel Escribano y a Borja Jiménez. Disparate (1º 2/19), citado a porta gayola, no tardó en recordar el genio de su estirpe: a la tercera verónica quitó a Manuel Escribano el punto de apoyo y se ensañó con él. Una cornada y contusiones. Borja Jiménez se hizo cargo del animal, dejando la montera frente de la enfermería. Borja se hizo con el bicho al natural: destiló pase a pase las embestidas a pesar de que el toro no paraba de husmear en busca de los tobillos. Los olés acompasaban sus movimientos qeu alcanzaron un ritmo frenético con la mano derecha. Un pase mirando al tendido casi le costó al diestro un percance. La estocada entera, pero tendida. El público no accedió a pedir un premio.
Baratero (2º 1/19), igual que su hermano, se encaró con un diestro inteligente, sincero y valiente. Borja le ahormó la embestida toreando por bajo: los pases flexionados barriendo el albero engancharon al toro. Una faena de líneas verticales impecables, de las manoletinas clavadas en el albero y del toro enroscándose a la cintura del diestro por ambas manos. Aunque el bicho no perdió las oportunidades de entrampillarle, aprovechando la cercanía, Borja las sorteó y dibujó muletazos que levantaron al público de pie. Una belleza. Una media tendida de impecable ejecución. Una oreja. Ovación al arrastre.
Cobardón (5º 1/19), grande, tardo y manso con poder. Tardó en salir al cite de Borja a porta gayola. Desarmó al torero con el capote y al primer muletazo rompió el estaquillador. Tito Sandoval, el de castoreño, fue ovacionado, Vicente Varela se destacó en brega. Otra muleta quedó despanzurrada, y Borja Jiménez tomó el mando a pesar de las resistencias: citó de lejos, aguantó los parones y miradas para conseguir unas series de relieve con de continuidad. Los probó por ambas manos, sin embargo, al bicho poco le interesaban los engaños: se afanaba por encontrar al diestro. La estocada entera y tendida. Ovación.
Manuel Escribano salió después de ser operado con los vaqueros prestados. La Maestranza rugió cuando le vio acercarse para citar a Fisgador (4º 1/19) a porta gayola. Los acordes llenaron el ambiente, pero el Victorino se hizo rogar: tardó una eternidad en asomarse por los chiqueros. Paró el ímpetu a la verónica. Nadie creía lo que sucedía en el albero. El público estaba de pie. Y así se quedó: el maestro puso dos pares de banderillas cediendo al toro los terrenos ventajosos. Puesto muy largo, el animal se lució acudiendo al caballo. La faena de poder a poder en medio de la plaza. El toro le miraba de tú a tú antes de cada muletazo. Escribano aceptó el desafío: aguantó y templó al animal para llegar a series redondas entre el estruendo de música y voces. Una gran obra de Manuel Escribano coronada por una estocada impecable. Dos orejas. La petición seguía…