Opinión

Al encuentro de Res Hispánica

TRIBUNA

José Luis Roldán | Domingo 14 de abril de 2024

Hace un año se celebró el primer encuentro presencial de los colaboradores de Res Hispánica en el Real Centro Universitario María Cristina, en San Lorenzo de El Escorial. No es mi propósito recordar lo que se dijo allí. En el canal hay una pestaña que alberga todas las grabaciones que se realizaron durante esos tres días. No obstante, considero oportuno dar noticia a todo aquel que sienta curiosidad por dicho evento que lea Al encuentro de Res Hispánica: algo ocurrió al lado del monasterio. Se trata del libro que escribió Alfredo Arias, autor de la trilogía de La mujer sublime, con la intención de levantar acta de las ponencias de los colaboradores del canal. Sin embargo, un artista como Alfredo jamás degradaría la palabra a uso de fedatario. Es un inteligente testimonio, un sugestivo ensayo con una embaucadora narrativa, sobre el significado de aquel encuentro. El título pueden solicitarlo a Ediciones Clásicas Madrid, la editorial de Alfonso Martínez Díez, que es quien se hizo cargo de llevar la palabra de Alfredo Arias a la imprenta.

El ensayo comienza describiendo el lugar del encuentro, cuya construcción se finalizó en 1597, para dar paso a la crónica de las intervenciones que se sucedieron durante los días 31 de marzo, 1 y 2 de abril. Mas insisto en que no estamos ante una transcripción, pues requeriría miles de páginas, o una pobre sinopsis de los temas que se trataron en cada una de las mesas. El libro de Alfredo tiene la virtud de entretejer la crónica imparcial con el testimonio, que se trueca en cavilación, sobre las ideas que pulularon por aquel aledaño a la octava maravilla del mundo.

Aquel encuentro, como indica el ensayo, fue una reunión de amigos por amor a la Hispanidad, un amor desinteresado, como todo amor verdadero, que no contó con el apoyo de bastones económicos o institucionales. Allí se encontraron profesores de Filosofía, teólogos, poetas, escritores, economistas, juristas, críticos de cine, periodistas y demás esclavos del malvivir intelectual. Aquella diversidad estaba hermanada por una compartida curiosidad por lo universal que, como señala el autor, quizá venga de nuestra condición de hispanos. Lo que es seguro es que todos los que estábamos allí no dudábamos de que la verdad de la Hispanidad, como diría Santa Teresa, puede padecer, pero no perecer.

La singularidad de aquel encuentro, apunta Alfredo, consistió en ir más allá de una reacción defensiva frente a los mitos de la leyenda negra. Allí se proyectó una propuesta cultural para la sociedad mundializada en la que vivimos. El redescubrimiento de nuestra raíz común a ambos lados del Atlántico es la resistencia que los quinientos millones de hispanohablantes debemos presentar a un relativismo cultural, que no es sino un aculturalismo disfrazado de multiculturalismo, que compartimenta cada vez más nuestra sociedad. La comunión de españoles, argentinos, chilenos, uruguayos, peruanos, mexicanos y demás hermanos en la civilización hispánica, lejos de ser una empresa cultural sin impacto político, es la propuesta liberal más importante de nuestro tiempo. Solamente luchando contra los tópicos fratricidas de la leyenda negra podremos volver a ser ciudadanos libres e iguales de la polis hispánica.

A esta labor contribuyen decisivamente los creadores de contenido sobre la Hispanidad, los cuales han sabido, hemos sabido, ver que las redes sociales son un instrumento más importante que medios más académicos, como libros o revistas, para el cambio de mentalidad de todos aquellos que, cegados por la mentira, reniegan de la gran familia a la que pertenecen. El descubrimiento más importante que hicimos los allí reunidos fue que nuestros hermanos más jóvenes del otro lado del charco son quienes defienden a los españoles de sí mismos. Quien lea el ensayo de Alfredo Arias confirmará que «el Nuevo Continente revitaliza otra vez al Viejo en estas horas».