A partir de imágenes cerebrales y con la participación de 113 voluntarios (72 mujeres) que participaron en dos experimentos sobre codificación predictiva, un equipo de investigadores de la Universidad de Estocolmo (Suecia) concluye que el sentido del olfato se ve muy influenciado por otros sentidos, al contrario de lo que sucede con la vista y el oído.
En el estudio experimental que aparece en Journal of Neuroscience, se detallan estos experimentos con los voluntarios que accedieron a las pruebas de fMRI en el Centro de Imágenes Cerebrales de la Universidad de Estocolmo (SUBIC).
El equipo de científicos, cuyo primer autor es Stephen Pierzchajlo, pertenece al Laboratorio de Interacción Cognitiva Sensorial de Jonas Olofsson y su objetivo es comprender cómo las interacciones sensoriales-cognitivas moldean las experiencias humanas significativas.
“El principal hallazgo es que el olfato dependía mucho más de las predicciones que la visión. Esto es interesante porque mucha gente piensa que el olfato es primitivo y reactivo, cuando nuestra investigación demuestra que en realidad es bastante sofisticado y proactivo”, explica Stephen Pierzchajlo.
Este grupo estudia cómo ampliar la perspectiva sobre la cognición humana, centrándose en la interacción entre la cognición y los diversos sentidos. En particular -destacan-, las propiedades cognitivas y emocionales únicas de los sentidos químicos resaltan las funciones sensoriales complementarias en la psicología humana.
Reconocen estos investigadores que se sabe poco sobre las diferencias de procesamiento entre los sentidos y sus sustratos corticales, pero que en su estudio “probamos la hipótesis de que el sentido del olfato dependería en gran medida de señales predictivas de objetos (no olfativas) e implicaría distintas características de procesamiento cortical”.
Así, matizan que han desarrollado “un paradigma novedoso para comparar el procesamiento de errores de predicción entre sentidos. Los participantes escucharon señales de palabras habladas (por ejemplo, lila) y determinaron si los estímulos objetivo (olores o imágenes) coincidían con la palabra clave o no”.
En dos experimentos de comportamiento con los 113 voluntarios, la disparidad entre los tiempos de respuesta congruentes e incongruentes “fue exagerada para los objetivos olfativos en relación con los visuales, lo que indica una mayor dependencia de las señales verbales predictivas para procesar los objetivos olfativos”, detallan.
El profesor Jonas Olofsson, miembro del equipo, hace hincapié en que esta investigación demuestra que el sentido del olfato está muy influenciado por señales de otros sentidos, mientras que la vista y el oído se ven afectados en mucha menor medida.
También se ha demostrado en el estudio que cuando el cerebro intenta identificar olores que no esperaba, tanto el cerebro olfativo como el visual se activan, a pesar de la ausencia de señales visuales en la tarea.
“Por lo tanto, el cerebro olfativo tiene una forma completamente única de procesar los olores y se trata de si los olores son esperados o no. El sentido del olfato nos advierte de olores que no esperábamos y activa el cerebro visual, tal vez para poder ver qué es lo que huele. Es una función inteligente porque a las personas se nos da muy mal reconocer olores si no recibimos pistas”, subraya el profesor Olofsson.
En los experimentos, los participantes escucharon señales de palabras habladas, como limón, y luego recibieron una imagen o un olor. Rápidamente, decidieron si coincidía con la señal, por ejemplo, con una imagen o un olor a limón, o no.
Stephen Pierzchajlo explica que se dieron cuenta de que, en general, las imágenes y los olores esperados conducían a decisiones más rápidas, “lo que encaja bien con la teoría de la codificación predictiva. Utilizamos la diferencia en la velocidad de respuesta para comparar los sentidos entre sí: un retraso mayor para estímulos inesperados, significa que el sentido depende más de las predicciones”.
“El sentido del olfato humano no es reactivo, sino proactivo. Utiliza una estrategia cerebral única para procesar olores inesperados y comprender cuáles son”, subraya este investigador.
Un estudio de resonancia magnética funcional previamente registrado con 30 voluntarios, de los que 19 eran mujeres, reveló que “la corteza cingulada anterior (una región central para la detección de errores) estaba más activada por objetivos olfativos incongruentes, lo que indica un papel para el procesamiento de errores predictivos olfativos. Además, tanto la corteza olfativa primaria como la visual se activaron significativamente para objetivos olfativos incongruentes, lo que sugiere que los errores de predicción olfativa dependen de recursos de procesamiento transensorial, mientras que los errores de predicción visual no”.
Con todo este conocimiento, los autores del estudio proponen que “el olfato se caracteriza por una fuerte dependencia de señales predictivas (no olfativas) y que los olores se evalúan en el contexto de tales predicciones mediante una red cortical transmodal designada. Nuestros resultados indican diferencias en cómo las señales predictivas se utilizan por los diferentes sentidos en la toma rápida de decisiones”.