AL AIRE LIBRE

LA REPÚBLICA EXCLUYENTE

Luis María ANSON | Lunes 15 de abril de 2024
Hace 93 años, tal día como hoy, las masas celebraban en Madrid, la proclamación de la II República...

Hace 93 años, tal día como hoy, las masas celebraban en Madrid, la proclamación de la II República española. La generosidad del Rey Alfonso XIII permitió que el trasvase de régimen se produjera sin sangre ni violencias, a pesar de que en las elecciones municipales se contaron más concejales monárquicos que republicanos. Pero en las capitales de provincia el resultado fue al revés. Voy a reproducir a continuación un artículo que publiqué hace unos años donde se sintetiza la realidad de aquella República que hoy se trata de presentar como un periodo histórico de ejemplar democracia.

Si la II República española hubiera sido de todos, continuaría como la forma de Estado de nuestra nación. Pero fue sectaria y excluyente y fragmentó al país en dos. En 1936, tras la victoria del Frente Popular, con trampas demostradas por Álvarez Tardío y Villa García, el horizonte de futuro quedó claro para España: o dictadura del proletariado, es decir, el comunismo; o dictadura de la clase media, es decir, el fascismo. El asesinato de uno de los jefes de la oposición, el diputado José Calvo-Sotelo, ordenado por el Gobierno y ejecutado vilmente, precipitó la guerra incivil.

Recuerdo que un día, durante el almuerzo en la Universidad de Oxford, mi mujer Beatriz le preguntó a Salvador de Madariaga por qué se fue de España. “Estaba claro -contestó el gran escritor-. Porque la victoria de cualquiera de los dos Franciscos -Largo Caballero o Franco- significaría la dictadura”. Madariaga no se fue solo al exilio. También lo hizo Gregorio Marañón, Ramón Pérez de Ayala e incluso José Ortega y Gasset, al que el socialista Besteiro avisó: “Profesor, vete de España cuanto antes porque los milicianos te van a asesinar”. Alertó también a Melquiades Álvarez, que decidió no exiliarse, y fue fusilado con conocimiento del Gobierno republicano.

“La clase obrera -había proclamado Largo Caballero- tiene que hacer la revolución. Si no nos dejan, iremos a la guerra civil declarada”. La revolución era el comunismo, la gran fascinación de la época. Largo Caballero tenía las ideas claras: “La clase obrera -dijo tras la victoria del Frente Popular- debe adueñarse de todo el poder político. Estoy convencido de que la democracia es incompatible con el socialismo. Y como el que tiene el poder no va a entregarlo voluntariamente, por eso hay que ir a la revolución”.

La guerra incivil la ganó Franco, que impuso la dictadura de la clase media, es decir, el fascismo. Por poco tiempo, lo que duró Serrano Suñer. Tras escabecharle, Franco estableció la única dictadura en la que creía, la militar, convirtiendo a España en un cuartel, en un país, como dijo Churchill, ocupado por su propio Ejército. Desde su exilio en Estoril, Don Juan III, consciente del error de la II República, propugnó siempre la Monarquía de todos y la devolución al pueblo español de la soberanía nacional, secuestrada en 1939 por el Ejército vencedor de la guerra incivil.