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TRIBUNA

Juan José Vijuesca | Miércoles 17 de abril de 2024

Se abre el telón. Un año más se ve a la Agencia Tributaria invitándonos a tomar el bebedizo de la declaración de la Renta. Millones de contribuyentes asisten al espectáculo haciendo cábalas para elegir una de las casillas benefactoras, bien sea la reservada a la asignación de la Iglesia Católica o la de actividades de interés general consideradas de interés social. Se cierra el telón. Ahí queda un 0,7 por 100 de voluntades propias poniendo rumbo hacia destinos tan contrapuestos como inciertos en el buen fin de su reparto.

En nada que multiplicáramos las mareantes cifras de esta aleatoria asignación comprobaríamos cuanto de interés general podría tener una tercera casilla para la ocasión. Dicho en tono concluyente: Asignación tributaria a la lucha contra el cáncer” Así, como suena. Imaginen por un instante invertir en vida y esperanza destinando un 0,7 por 100 de la cuota íntegra de cada declaración de la Renta para investigación y cura del cáncer. Sería lo más.

Ya sé que el tema se presta a diversidad de criterios, pero salvar vidas a cambio de poner una simple cruz en una casilla saldríamos en defensa de una investigación cada vez más necesitada de recursos por la abulia de los gobiernos que no hacen lo suficiente. No seré yo quien haga oratoria sobre el mercadeo y la rentabilidad de algo tan serio. Sería repugnante. Pero tampoco me resigno al silencio de las palabras cuando el subconsciente es capaz de regatear a la propia maldad de pensamientos. Por desgracia la investigación en este país ejerce la mendicidad y esto resulta intolerable.

Ya existen iniciativas al respecto. Me consta; pero yo no voy a ser ajeno cuando las actuales políticas se atrincheran en simples maquillajes, en sencillas muestras de demagogia costumbrista incapaces de erradicar con solvencia los auténticos problemas que atentan a la salud de las personas. Niños, adolescentes, adultos, que han padecido o vienen sufriendo las terribles consecuencias del cáncer en sus diferentes versiones esperan algo diferente de esta sociedad. A todos en general nos tutela el azar en esta lotería de la salud, por eso cada vez se hace más necesaria la acción popular con tal de corregir los desajustes que tiene una colectividad tan avanzada como la nuestra, pero a la vez tan misantrópica.

Quienes gobiernan, quienes aspiran a gobernar, quienes mercantilizan por cuenta ajena con nuestro presente y nuestro futuro no son más que aquellos que dictan y legislan, por eso nunca éstos deben ser distintos a quienes contribuimos en aceptar las normas de convivencia. De ahí a convertirnos en ciudadanos de inferior categoría cuando los medios y mecanismos de un Estado los hacen insuficientes o atentatorios hacia la ciudadanía, eso señores míos, no cabe en conformidad.

Por eso, pacientes lectores, son tiempos de perseverar sobre aquello que nos debilita y nos hace vulnerables. Médicos y personal sanitario tenemos, quizás de los mejores. Personas entregadas en causas ajenas, también. Voluntarios anónimos, organizaciones no lucrativas y profesionales vocacionales más allá de lo estrictamente terapéutico se involucran con afán de superación que les dignifican. Solo faltaría una clase política digna y ejemplarizante, no es necesaria una de gama alta, solo con ser honrada y valerosa es suficiente, porque un político de los de ahora, salvo raras excepciones, está entregado a la sinrazón, al puro placer del poder, a devanar la vida de los honrados y a cambiar virtud por vicio. Ténganlo en cuenta.

En fin, se abre el telón: se ve la Declaración de la Renta con una casilla contra el cáncer. Se cierra el telón: ahí queda la planta de oncología infantil de cualquier hospital, por poner un ejemplo. Solo falta la apoteosis final.