No subestimar el corazón de un campeón se ha convertido casi en un axioma en el deporte. Mucho se ha escrito sobre este asunto y lo cierto es que los capítulos que refuerzan esa advertencia siguen amontonándose. El último se ha vivido este miércoles en el Allianz Arena de Múnich, estadio en el que el peor Bayern que se recuerda ha eliminado al ilusionante Arsenal para acceder a las semifinales de la Liga de Campeones. El gigante que fue goleado en la Supercopa de Alemania, eliminado de la Pokal por un equipo de Tercera División y que ha perdido la Bundesliga por vez primera en 11 años ha sobrevivido al emblema del fulgor de la Premier League. Y se uniforma como amenaza ancestral, camino a la final de Londres.
El duelo de ida, cerrado con empate a dos goles en Londres, ofreció a los entrenadores la oportunidad de trabajar. Debían localizar los ajustes para neutralizar las virtudes ajenas y pasar de ronda. Y en ese desafío triunfó esta noche Thomas Tuchel. El técnico que ha estado a punto de ser despedido en estos meses de pronunciada zozobra ha logrado corregir las debilidades mostradas y potenciar las capacidades de sus futbolistas. Sin los lesionados Serge Gnabry y Kingsley Coman, y con la baja del sancionado Alphonso Davies, tuvo que escudriñar la manera de frenar a los frondosos 'Gunners' e ideó un doble lateral zurdo con Mazaoui y Guerreiro para frenar a Bukayo Saka. Ahí comenzó a ganar el cruce. Además, pegó a Konrad Laimer a la espalda de Martin Odegaard y consiguió el objetivo prioritario: nublar los pasillos interiores que tanto buscan los ingleses.
Mikel Arteta también viró algunas piezas. Eligió a Tomiyasu para bailar con Leroy Sané, que en la ida había retrarado a Kiwior, y ordenó a Saka y a Martinelli que evitasen a toda costa que tanto Sané como Guerreiro encarasen en mano a mano a sus laterales. Con esta reclamación de rigor táctico empezaron mejor los visitantes, dominando el cuero, la iniciativa y el territorio. Se desplegaron plenos de personalidad, presionando con ardor para acaparar el timón. Ejecutaron con eficacia el plan y sólo dieron un respiro de pocos minutos a los locales durante la media hora inicial. Sabían que las vigilancias tras pérdida iban a ser decisivas para frenar las contras germanas y se aplicaron, aunque en el minuto cuatro se les escapó Musiala, que cedió para que Kimmich pusiera un centro rematado fuera por Harry Kane.
Se jugaba mucho más en campo bávaro, con avances dirigidos hacia el perfil de Gabriel Martinelli y con Jorginho destacado como el filtrador de pases más afilado. Le costó mucho despegarse de la marca a Odegaard -aquejado de molestias desde el pasado fin de semana-, así que el italiano hubo de asumir las riendas de la orquesta. De la circulación británica brotaron seis disparos en el primer acto, tres de ellos a portería. En el 9 Jorginho robó arriba y Martinelli chutó desviado desde el pico del área y hay que esperar hasta el minuto 30 para localizar otra llegada visitante, obra de Odegaard con una volea que despejó Manuel Neuer con una vistosa estirada. El control del cuero pertenecía a los londinenses, pero el peligro amenazaba más al arco protegido por David Raya. El Bayern, reactivo y con Guerreiro sobresaliente, forzó un despeje apurado de Ben White ante el chut angulado de Mazraoui -minuto 23- y provocó la parada de foto de Raya tras el latigazo de Musiala desde la frontal -minuto 24-.
No se abrían los espacios y gobernó el tacticismo más de lo esperado antes del intermedio. Saliba y Gabriel Magalhaes recobraron el prestigio ganado en la isla como anti-aéreos y el central galo cabeceó centrado, en el otro área, un centro de Declan Rice. La prioriad se centró en este segmento más en taponar que en crear y sólo se registró un acercamiento prometedor en el centro de Odegaard y el remate flojo de Martinelli que detuvo fácil Neuer -minuto 32-. Con los deberes defensivos hechos, Tuchel ganó ambición en el paso por vestuarios y el Bayern afrontó la reanudación con más valentía. Había logrado igualar el ratio de posesión pero en la segundo acto fueron a por la victoria. Acabaron con casi el doble de los disparos generados por el Arsenal. Dejaron atrás el respeto, aumentaron al intensidad en los duelos y recogieron un testarazo de Goretzka al poste en el minuto 47, seguido de un zurdazo de Guerreiro que volvió a golpear la madera tras el desvío atinado de Saliba.
Le cambió la cara al envite con jerarquía un sistema alemán que en el minuto 60 viajaba con seis córners botados y ninguno concedido. Los 'Gunners' perdieron protagonismo, obligados a ceder metros, y quedaron relegados a un rol de superviviente que examinó las verdadera consistencia del proyecto. Un solitario centro de Martinelli que detuvo Neuer resumió el bagaje ofensivo de un colectivo que achicaba como podía en su terreno de juego. No es ésa una de las situaciones que más comodidad le genera y en el minuto 64 Kimmich abrió el marcador. En una de las pocas veces en las que Sané llegó a línea de fondo para centrar, el cuero le cayó a Guerreiro, que conectó un pase venenoso sin la oposición de un pasivo de Ben White para que el capitán se colase sin marcaje y cabecease a placer un remate cruzado directo a las mallas.
Un error en la zaga penalizó hasta el extremo a unos británicos que borderon la lona de forma definitiva de inmediato, cuando Guerreiro puso en vuelo a Mazraoui y el lateral marroquí centró para que Sané perdonase con todo a favor -minuto 66-. El sacrificado Saka ya no llegaba a las ayudas y por ahí se estaba descosiendo el bloque visitante. Ya en una contrarreloj, Arteta quemó las naves incluyendo a Gabriel Jesús, Trossard y Nketiah. Vació su centro del campo para tratar de configurar un asedio postrero que no llegaría a consumarse. Eric Dier se engrandeció como defensor central al corte, Laimer lo bordó como destructor y Tuchel acabó con cinco zagueros (añadió a Kim Min-jae y a Upamecano). No pudo batir líneas con pases rasantes el escuadrón inglés como acostumbra, con Havertz obligado a bajar para desatascar, y un chut de Odegaard que desvió Neuer concluyó las esperanzas inglesas en el minuto 88. El Bayern, que no sentenció en transición por falta de fuelle en la finalización, impuso su oficio a la inexperiencia isleña y vuelve a las semifinales después de tres años de ausencia. El clavo ardiendo europeo se ha transformado en una aspiración seria para el hexacampeón continental.