Opinión

Premio Nobel, premio de todos

Hidehito Higashitani | Lunes 10 de noviembre de 2008
Parece que la concesión del Premio Nobel tiene una fuerza mágica para hacer sentir felices y llenar de orgullo no sólo a los propios galardonados sino también, o quizás en mayor grado, a sus compatriotas. Este Premio universalmente reconocido suele llegar a tocar la fibra sensible, no al propio laureado, sino más bien a sus compatriotas para estimular buenamente su amor a la patria y les ofrece un motivo bien justificado para lisonjearse del triunfo de ‘su’ genio nacional aprovechando ese ambiente general de euforia en el país.

Algo parecido ocurría y sigue ocurriendo también aún hoy día con la carrera de consecución de medallas de oro de los Juegos Olímpicos. De hecho es lo que pretendieron en la pasada época de la guerra fría algunos países como Alemania Oriental o URSS encontrando en el número de las medallas conseguidas un motivo para el ensalzamiento del espíritu patriótico y un instrumento eficaz de propaganda para demostrar la pretendida superioridad de su régimen ante la comunidad internacional.

El pasado día 7 de octubre, la Real Academia Sueca de las Ciencias hizo pública la concesión del Premio Nobel de Física de este año a los tres científicos, Yoichiro Nambu, Toshihide Maskawa y Makoto Kobayashi, “por los descubrimientos acerca de la simetría quebrada en la naturaleza”. Y al día siguiente, casi toda la prensa nipona nos daba la noticia con un tono eufórico en grandes titulares de: “Tres japoneses galardonados del Nobel” e incluso algunos comentaristas de la televisión se congratulaban por esta buena noticia diciendo: “Gracias a los tres genios compatriotas nuestros ‘hemos podido monopolizar’ de esta forma el Premio universalmente reconocido de Física”.

- Pero oiga usted caballero, ¿no estará usted equivocado de medio a medio?-, me dije yo al leer y escuchar la noticia. Es porque, al menos en cuanto a mí, aun siendo un buen japonés que soy, la verdad es que me sentía algo incómodo con ese alarde de optimismo nacional por parte de los medios de comunicación y además tenía yo la certeza de que el conocido profesor Nambu, aunque nació y se educó en Tokio, ya hacía tiempo que había obtenido la nacionalidad estadounidense en busca de mejores condiciones para la docencia y las investigaciones en el extranjero.

Efectivamente cuando consulté la edición digital de algunos periódicos extranjeros –New York Times, Le Monde y Die Welt, por ejemplo- comprobé que daban la noticia más o menos con estas palabras: El Nobel de Física 2008 ha correspondido al Prof. Nambu de Estados Unidos y a los dos japoneses Maskawa y Kobayashi.

Desde luego hay que reconocer que la definición de ser japonés resultaba algo equívoco debido, sin duda alguna, a su exceso de euforia y de optimismo. Según este criterio ambiguo y rayano con la patriotería, el galardonado de Premio Nobel de Química, el profesor Tsien de origen chino y de nacionalidad estadounidense, tendría que ser chino para algunos fervientes patrioteros de su país de origen. y de la misma manera el de Literatura, el novelista Le Clézio, tendría que ser británico para los entusiastas de aquel país porque su padre es inglés. No cabe duda de que cada país quiere llevar el agua a su molino y alardearse de la excelencia de los genios nacionales con que creen que cuentan.

Pues bien, al día siguiente del anuncio del Premio de Física, la Academia Sueca anunció la entrega del de Química a los tres científicos radicados en Estados Unidos, entre los cuales se encontraba el nombre del Prof. Shimomura de nacionalidad japonesa. Pero al ver la página oficial de la Nobel Foundation supe que el profesor Shimomura se presentaba como persona de USA. Entonces es cuando entendí perfectamente la postura fundamental de la Fundación con respecto a la indicación del nombre del país en su lista de laureados. Es decir, para la Nobel Foudation el nombre del país que aparece debajo de la foto de cada galardonado no indica la nacionalidad sino sencillamente el lugar donde ha desarrollado principalmente su labor de investigación que ha merecido el premio.

Creo que vale la pena recordar aquí, dejando ya al lado todo tipo de posturas patrioteras baratas, las palabras del testamento de Alfred Nobel al ofrecer su fortuna para crear este prestigioso galardón. Manifiesta su deseo expreso de que al otorgar el premio “no se tenga en consideración la nacionalidad de los candidatos”, sino que sean los más merecedores los que reciban el premio...
Así que recordemos una vez más que este premio es un homenaje, no a un país determinado, sino a unos individuos que “hayan realizado mayor beneficio a la humanidad”, como declara el Sr. Nobel en otro pasaje de su testamento.

Si toda la humanidad es beneficiaria, ¿por qué no aplaudir igualmente a todos los galardonados como personas excelentes sin necesidad de tener en cuenta su nacionalidad y enorgullecernos como buenos ciudadanos del mundo de sus beneméritas aportaciones a la humanidad entera?

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