Martes 11 de noviembre de 2008
Y necesaria. José Luis Rodríguez Zapatero ha pecado de utilizar la realidad sólo para construir su discurso del momento; la realidad virtual, se entiende: puestas en escena, ademanes de actor en pos de cifras de sondeos, en lugar de los datos de la realidad económica. La ha obviado, incluso evitando llamarle por su nombre: crisis económica. Pero algo parece estar cambiando. Este lunes no sólo se ha referido a ella pronunciando la vieja palabra de origen griego, a la que tanto miedo parecía tener, sino que parece haber tomado la decisión de poner su grano de arena en la cumbre del G-20 que se celebrará en Washington y a la que, finalmente, asistirá Zapatero en representación de España.
El presidente del Gobierno utiliza un lenguaje esteriotipado y no exento de maniqueísmo. Hay unos culpables, Estados Unidos y el neoconservadurismo, y unos salvadores: Europa y la socialdemocracia. La realidad es más compleja que lo que pretende transmitir el presidente. George Bush es probablemente el presidente más intervencionista desde Jimmy Carter y el que más ha aumentado el gasto público desde Lyndon Johnson, dos buenas credenciales para un socialdemócrata y dos motivos de condena para cualquier buen liberal.
Pero, al menos -y se lo queremos reconocer desde aquí- antes de acudir a la cita de Washington ha querido escuchar a notables representantes del sistema financiero español, a los sindicatos, a la patronal y a la oposición. A la espera de lo que le pueda transmitir Mariano Rajoy, lo cierto es que lo que ha recibido Zapatero en su despacho de Moncloa es muy valioso, y bien hará en tomar nota de todo. Los sindicatos y los empresarios le han puesto los pies en el suelo y le han pedido que se centre en los efectos de la crisis sobre el empleo y el ahorro.
Refundar el capitalismo desde bases socialdemócratas, como si las actuales no fueran ya suficientemente intervencionistas, acaso no sea un objetivo al alcance de nuestro Gobierno. Puede que incluso ni siquiera sea deseable. Ello no quiere decir que no haya nada que se puede aportar desde España. A este respecto, ha resultado de lo más fructífera la primera reunión del presidente del Gobierno: la que ha mantenido con los presidentes de los dos bancos y las dos cajas principales, que le han explicado las fortalezas del sistema de control impuesto en el mercado financiero español, después del desastre del cambio de década de los 70’ a los 80’. España puede aportar una experiencia que, en conjunto, es positiva. Si Zapatero hace algo más que escuchar y traslada a la cumbre la experiencia de nuestro mercado, que alberga alguna de las entidades financieras más eficientes del mundo, su contribución habrá sido notable. Confiemos en que el señor Zapatero deje un momento el escenario de las encuestas de opinión, para aterrizar en la realidad de los hechos que de verdad importan a los ciudadanos.
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