Opinión

Misión naval europea contra la piratería en Somalia

Martes 11 de noviembre de 2008
Cuando el pasado abril piratas somalíes secuestraban el atunero vasco “Playa de Bakio”, muchos fueron conscientes de un problema que llevaban sufriendo desde hacía ya tiempo quienes navegaban por aquellas aguas. Somalia es, geográficamente, el centinela de los barcos que se dirigen al Mar Rojo o al Mar de Arabia. Por su zona de influencia transcurren muchas de las rutas comerciales y pesqueras más transitadas de la navegación marítima. Ocurre que Somalia es una suerte de “agujero jurídico” en el que no impera autoridad alguna. Salvo, claro, la de señores de la guerra locales y piratas. Son éstos últimos quienes han descubierto en la impunidad que reina en su país –y por tanto, en sus aguas- un auténtico filón. Por eso, abordan a los que osan adentrarse en su zona de actuación, desvalijándoles y, en ocasiones, tomándoles como rehenes a cambio de una sustanciosa recompensa.

El gobierno francés tomó cartas en el asunto, tras el secuestro de un velero galo en el litoral somalí. Envió buques de guerra y grupos especiales de asalto para proteger a los suyos. De hecho, liberó a la tripulación del velero de lujo “Ponant”, recuperó el dinero del rescate pagado por el armador y acabó con la vida de 3 piratas en una incursión posterior. España también hizo lo propio. A su modo. Es decir, enviando un avión de vigilancia. Como si eso fuera a disuadir a unos piratas que se saben impunes en su territorio. Son sólo dos ejemplos del proceder individual de dos gobiernos europeos ante un mismo problema. Y dado que dicho problema afectaba por igual a todos los socios de la Unión, lo normal era emprender acciones conjuntas. Y el resultado ha sido la creación de la primera expedición naval militar formada bajo bandera europea. Alemania, Holanda, Bélgica, Suecia, Chipre, Lituania, Gran Bretaña, Francia y España serán los integrantes de la operación “Atalanta”, con el fin de “disuadir, prevenir y reprimir la piratería en las costas de Somalia”. Es de suponer que las dificultades no desaparecerán del todo, pero al menos, la presencia de una fuerza militar en la zona hará que más de un pirata se lo piense antes de atacar a algún barco. Europa necesita más iniciativas conjuntas de este tipo. Está en juego su identidad común. Y su fuerza internacional.

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