Opinión

El juego de las lágrimas: Irán amparado por Occidente

TRIBUNA

Marcelo Wio | Domingo 21 de abril de 2024

Tanto jugar a las escondidas, y aquellos de quienes se escondían sabían que estaba detrás de esos nombres que refieren tanto a dios para hacer, en realidad, el trabajo del diablo. Tanto jugar al sigilo, cuando sus pasos se oían antes aún de que comenzara a caminar.

Tanto jugar al ardid, cuando era en su propia tierra – con el cerrojo totalitario de su teocracia liberticida – donde la celada tenía lugar. Tanto fungir de estrategas, para ir dejando rastros por todas partes – los más recientes, las estelas de los cientos de misiles y drones lanzados masivamente contra Israel, al bulto; y que tanto bobo ventajoso, lo que tanto abaratado compinche, llamaron “simbólico”.

Tanto jugar a Persia, cuando representan apenas uno de los brazos del islamismo (islam político) radical y de su expansionismo brutal: una republiqueta islámica corrupta, cruel.

Tanto, tanto, porque algunos decidieron creerle, darle el espacio, el tiempo de convertirse en amenaza mayor y, luego, en dignificarla con la piratería de la diplomacia – esa que se perpetra en la ONU, entre otros aguantaderos de la infamia -, del tras bambalinas. Tanto, tanto, porque otros muchos decidieron callarle a occidente el palabrerío de intimidaciones y fines – el “gran Irán”, o el antisemitismo resumido en el “tumor canceroso [Israel]” que “sin duda será desarraigado y destruido”; entre otros.

Y de tanto y tanto jugar a la “moral” (con su “policía”, sus ejecuciones y todo), terminaron en el negocio multinacional del terror; y, por intermediación de su “proxy” estelar, también en el del tráfico de drogas y el lavado de dinero.

En breve, la República Islámica de Irán – que, a ella, y no a otra, se aludía - no jugó nunca de una manera del todo entregada, convencida, por decirlo de alguna manera. Era, antes bien, Occidente quien concedía a esa fanática y despiadada dictadura el carácter lúdico (irreal, “simbólico”) a sus delirios más perversos - y muy reales.

La pregunta, entonces, es: ¿A qué juega tanto, tanto, occidente? El tiro en el primer pie resultó ser muy real; ¿seguirá entonces jugando hasta caer de rodillas?

Y luego, ¿qué, se disparará aún en estas? Porque tanto, tanto juega, tanto y tanto hace para que el pasatiempo se convierta en realidad, que no es descabellado pensar en que, para colmo de males, ni el tiro del final le salga bien.

Tanto jugar a las escondidas, que todos quedaron a la intemperie: ostensibles sin el disfraz del discurso.