Opinión

La Luna: ¿otro conflicto sino-estadounidense?

DESDE ULTRAMAR

Marcos Marín Amezcua | Jueves 25 de abril de 2024
A como va el asunto, solo falta eso. Prosiga leyendo, si es tan grato. Es que hasta la Luna está en la mira sino-estadounidense.

Pues sí, estas semanas se ha avivado la rivalidad entre Estados Unidos y China. Nunca ha terminado, pero se ha avivado. Ya se sabe, los EE.UU. no quieren ser segundos y China quiere ser la primera. Y su ascenso, prosigue. ¿En qué terminará eso? no tengo especial interés en echar a andar a videntes y arcanos que sitúan a 2030 como el año de la hecatombe entre ambas potencias nucleares. Y si nos quedamos solo en que China es socialista y no democrática, nos perderemos los entresijos y los jaloneos entre ambas potencias, pues limitándonos a ponderar al régimen chino, nos perderemos el panorama.

Ergo, sí es obligado observar si esa rivalidad que lo abarca todo y va de la guerra comercial a las acusaciones de espionaje, cae en trampas discursivas donde los analistas que se conduelen de que haya bloques sino-ruso para tal o cual menester, acusan que no hay democracia en ellos, pero contribuyen quiéranlo o no, a situar a los Estados Unidos como “los buenos” y aquellos otros por no ser demócratas como “los malos” por ese simple hecho. Y no, tampoco eso vuelve “buenos” a los yanquis –por muchas cartas credenciales democráticas que les endilguen– que imperialismo es imperialismo dónde sea y hasta la Luna sale a cuento.

La reciente visita del secretario de Estado yanqui Blinken a Pekín, para hablar por enésima vez de temas bilaterales que, nuevamente, quedan apaciguados a medias y de dientes para afuera entre ambos países hasta que se muestren los dientes de nuevo, refleja que a China sí hay que tomarla en cuenta, ­aunque lleve la intelectualidad estadounidense 50 años despreciándola y minimizándola –y por otra parte, solo evidencia que no es importante solo si su régimen político es democrático o no, sino su poderío militar real– recordándonos que ese antagonismo pone pausas, pero ni concluye ni concluirá sino de la peor manera y a saber cuándo, de seguir así la cosa.

Estados Unidos de nuevo acaba de poner restricciones comerciales a China en una jugarreta obligando a México, en una escalada de presiones comerciales entre Washington y Ciudad de México que pueden endurecerse si ganara Trump las presidenciales, a que ya no adquiera acero chino que sirve para fabricación de vehículos exportados al vecino del norte, adulterando con ello las cuotas existentes de ingreso al mercado yanqui entre China y EE.UU., burlándolas. El proteccionismo estadounidense viola las leyes del libre mercado que preconiza, pero eso tampoco sorprende. Sume que el tratado comercial de América del Norte, T-mec, prohíbe a cualquiera de los 3 socios firmar uno similar de libre comercio con “economías planificadas”, y eso significa China. Una barrera más contra los chinos que por todos lados se cuelan, también dígase.

Esta semana, la rivalidad sino-estadounidense –que sus sino se manifestaron antes igual con las vacunas antiCovid 19 sin sustento científico para denostar a China o con el antagonismo entre Huawei y Apple (años ha, pelearon dónde ubicar sus maquilas) y que igual se dispara y disparará con las próximas medallas olímpicas– nos dejaba un nuevo y pintoresco episodio: el encargado de la NASA acusa a China de tener planes militares ocultos debajo de su programa espacial civil. Bill Nelson ante una comisión del congreso yanqui, ha expresado que sus conclusiones obedecen (no son pruebas, entonces) al secretismo que reviste a los chinos sobre aquel programa. ¡Vaya pues, con esa “prueba” más ridícula! Él cree. Y pareciera que esa ligereza le permite propalar la idea de descalificarlos y que solo la bandera que debe ondear en la Luna sea la yanqui o, peor, que sus intenciones en nuestro satélite sean las únicas pacíficas y valederas, cosa que, desde luego, no son ni lo uno ni lo otro y Estados Unidos no es el dueño de la Luna. Así que se entiende tal acusación en el marco de la competencia que sostienen ambas potencias en su conquista. Eso no concede más derechos a alguno sobre la Luna. Mientras tanto, Estados Unidos aprueba las ayudas a Ucrania, Israel y Taiwán, esta última en claro desafío a China. Una vuelta más a la tuerca con el reclamo de Pekín resultante. Ya tendrán tiempo los yanquis como Israel, de jugar a presentarse como inocentes víctimas.

Los antiguos mexicas, antes llamados aztecas, divisaban un conejo en la Luna. No me extrañaría que pronto un hot dog o un dragón enseñoreen su superficie. Quien pueda hacerlo, que pase al frente y se deje de falsos pudores. El mundo ya no se mira ni se mide solo con la sola mirada yanqui. Hace ya rato, además. Quien pretenda persistir en que sí o tal circunstancia lo enfade, va errático.

EE.UU. ha denunciado a la Agencia Mundial Antidopaje por presuntos apoyos a los atletas chinos, solapando conductas que considera ventajosas. Por la competidora China, no porque le importe el dopaje. Faltaría más. El deporte es otro frente abierto.

El jaloneo no cesa entre la primera y la segunda potencia mundiales, o economías si se prefiere. Viene también esa jugarreta atentatoria del libre mercado que preconizan los yanquis buscando prohibir TikTok, exigiendo su venta en Estados Unidos –un robo disfrazado de alegatos pueriles de espionaje y otras zarandajas– equivaliendo lo reclamado a encubrir proteccionismo y competencia desleal desde EE.UU., una ironía sin duda. Cosa más paradójica, pero no sorpresiva. ¿Qué TikTok puede ser espionaje y una herramienta para hacerse de datos personales? ¿eso le incomoda a los EE.UU., dicen, y no que Facebook doblegue a gobiernos como el australiano, que no pudo meterlo al redil o que en sus condiciones de uso asegure que tus fotos le pertenecen? Vaya granujas. Eso es robo de propiedad intelectual y es rebatible en los tribunales de cada país. Pero no, los yanquis no pierden el sueño por ello y solo tienen ojos para lo chino. Muy mal. Pues allá ellos y su esquizofrenia viendo espías por doquier y al rival empoderado cada vez más. Después de todo, parece que descubrieran el agua tibia y nos vienen con el petate del muerto. ¿Somos espiados? Desde hace ya tiempo. Sabemos que desde siempre y con Internet, más. Yo saludo a esos espías que me amaitinan, me dejo de monsergas y que en su informe ponga lo que gusten, pero no que soy un mal educado. Es cuanto.

Rinconete. Gravísimo resultan las denuncias de fosas comunes en Gaza y los procederes de un escuadrón de formado por ultraortodoxos judíos en Cisjordania. La guerra sin límites, descarnada. Crímenes que no pueden quedar en el silencio ni impunes. Guste a quien le guste que así no suceda o le agreda que se señale a Israel como si no hubiera razones y que denunciarlo quiera denominarlo como le plazca. Es denunciable y punto.

Por otra parte, el Departamento de Estado yanqui publicó un nuevo informe injerensista sobre Derechos Humanos en México. Me gusta el tono de la respuesta de mi gobierno: entrometidos que se callan sus propias violaciones en su territorio, acostumbrados a erigirse como jueces del mundo. Ya China los mandó por un tubo hace años. A su informe correspondiente –quizá el último a raíz de la merecida respuesta china– respondieron que las reservas indias, el estado paupérrimo de la población negra en Haarlem y el trato vejatorio a migrantes en la frontera con México desacreditaba a EE.UU. para señalar a nadie. Y tenían razón los chinos. López Obrador les ha recordado otras igual de válidas.

Y nos deja en vilo el presidente español, Pedro Sánchez, con su mensaje al 29 de abril. Las cosas han llegado demasiado lejos, aunque es verdad que falta por deslindar responsabilidades en las graves acusaciones recibidas contra su mujer.